Dinamarca ha eliminado su servicio postal público. ¿Será la UE la siguiente?

Los trabajadores postales daneses advierten a Bruselas de que no anteponga los beneficios al servicio público. La reforma del mercado postal europeo podría afectar a 1,8 millones de trabajadores postales y del sector del reparto.

Euractiv
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Adiós al servicio postal público. [Foto: Getty. Visual by Martina Monti]

Dinamarca fue el primer país de la UE en poner fin al reparto de cartas por parte de su operador postal nacional y en eliminar la obligación de que el servicio llegara a todas las direcciones.

Esto conmocionó a Europa. Al fin y al cabo, era fácil quejarse del servicio postal, pero mucho más difícil imaginar la vida sin él.

Mientras Bruselas se prepara para reformar la normativa postal de la UE el año que viene, antiguos trabajadores han declarado a Euractiv que la experiencia danesa muestra lo que puede suceder cuando un servicio público se juzga principalmente en función de si genera beneficios.

Heidi, Kim y Rasmus pasaron décadas trabajando en el servicio postal danés. Heidi se incorporó como estudiante en 1998 y más tarde se convirtió en delegada sindical. Kim trabajó como cartero durante casi 40 años, repartiendo cartas hasta hace tan solo tres años. Rasmus repartió correo en bicicleta por toda Copenhague durante 18 años. Han vivido en primera persona casi todas las etapas del sector postal: el monopolio público, la digitalización y el auge del comercio electrónico.

Pero el anuncio de que PostNord pondría fin al reparto de cartas a finales de 2025 fue diferente. No habría ningún convenio colectivo revisado ni una plantilla reducida. El puesto de trabajo estaba desapareciendo por completo.

El momento en que los trabajadores se enteraron de que el servicio postal danés dejaría de repartir correo para siempre tras 400 años. (Foto: Heidi Vrang Olsen)

El cambio había comenzado un año antes, cuando Dinamarca suprimió la obligación de prestar el servicio postal universal impuesta a PostNord en virtud de la Ley Postal. Solo se mantuvieron algunas disposiciones limitadas.

Los trabajadores intuían lo que se avecinaba y, sin embargo, seguían clasificando y repartiendo cartas mientras las decisiones sobre sus vidas las tomaban en otros lugares personas a las que probablemente nunca conocerían. En 2025, unas 1.500 personas perdieron su empleo. «Cuando recibimos la noticia, fue desgarrador», dijo Heidi. «Y todavía lo es». Rasmus recordó la incredulidad del momento. «Todos pensaban: “Seguro que yo no seré el que sea despedido”. Pero luego, al final, se convirtió en una realidad para todos nosotros».

La adquisición de DAO

La decisión se presentó como el resultado inevitable de la digitalización. Los daneses enviaban menos cartas y, además, se comunicaban cada vez más con las administraciones públicas a través de Internet.

Pero Rasmus rechaza la idea de que solo hubiera un resultado posible. «La realidad es que los políticos crearon unas condiciones en las que ya no era posible que PostNord pudiera seguir funcionando». En la práctica, el Gobierno abrió el servicio más ampliamente al mercado y permitió que la demanda comercial determinara qué servicios sobrevivían. El resultado fue DAO, el servicio privado de reparto de periódicos de Dinamarca.

DAO contaba con una red nacional creada para distribuir periódicos y revistas. A medida que disminuía la tirada impresa, la empresa argumentó que las cartas podían aportar un volumen rentable a las rutas existentes. Tras la retirada de PostNord, DAO se convirtió en el único operador que ofrecía un servicio de reparto de cartas ordinario a nivel nacional. También asumió la responsabilidad del correo internacional, certificado y de determinadas cartas oficiales, con un pago único del Gobierno para facilitar la transición.

Tomar las riendas del discurso

Antes de que se aprobara la nueva ley postal de Dinamarca, PostNord, DAO y los sindicatos postales expusieron sus posiciones durante el proceso de consulta.

Sin embargo, según los tres trabajadores, poco a poco se fue imponiendo una narrativa como sentido común: PostNord era anticuada y cara, mientras que la alternativa privada era más rápida y moderna. «Podían hacerlo más barato y podían hacerlo mejor», dijo Heidi. «Esa fue la versión que difundieron y la que aceptaron los políticos».

Los trabajadores no niegan que PostNord cometiera errores, ni restan importancia a la frustración de la ciudadanía. Pero esos fallos se interpretaron como una prueba de que el propio modelo de servicio público había fracasado.

Los tres también señalan la estructura accionarial de DAO. La empresa está controlada por tres de los mayores grupos mediáticos de Dinamarca: JP/Politikens Hus (51 %), JFM (32 %) y Berlingske Media (17 %).

Esa estructura accionarial no demuestra por sí misma que exista una coordinación editorial. DAO declaró a Euractiv que «existe una separación estricta» entre sus operaciones comerciales y las actividades editoriales de sus accionistas, y que «la independencia editorial está garantizada mediante principios de gobierno corporativo consolidados».

No obstante, los trabajadores consideran que la prensa ha prestado más atención a PostNord que al modelo de empleo y a los problemas operativos de DAO. DAO «discrepa totalmente» y afirma que «en Dinamarca existe un gran interés mediático por descubrir y destacar los errores que cometemos» y que nada sugiere que cometa más errores que los que cometió PostNord.

Una visión realista

Durante el proceso de toma de decisiones, se presentaron al público dos narrativas: una en la que una institución pública se había convertido en prescindible, y otra en la que el mercado podía garantizar el mismo servicio por menos dinero.

«Un día negro»; nota de un delegado sindical el día del anuncio. (Foto: Heidi Vrang Olsen)

La segunda versión quizá resultara más fácil de vender políticamente, pero a principios de 2026 la promesa de una alternativa más eficiente se complicó.

DAO recibió alrededor de 15.000 consultas sobre el retraso en el correo durante las primeras semanas. Los medios daneses también informaron de tarjetas bancarias perdidas y cartas no entregadas que se encontraron en contenedores de basura particulares, en un campo cerca de Enslev y en un contenedor de reciclaje en Hvorslev. En cada caso, DAO atribuyó el fallo a un repartidor concreto y afirmó que dicha persona había sido despedida.

«La respuesta siempre es que se trataba de un mal empleado», dijo Heidi. «Despiden a esa persona, arreglan el problema y dicen que el servicio mejorará». Lo que ella quiere decir es que tratar cada incidente como una falta de conducta personal puede impedir que se analice el sistema en su conjunto: los salarios, la subcontratación y la presión para trabajar con rapidez.

«Entonces se cometen errores»

Los nuevos trabajadores de DAO empezaron a realizar entregas con muy poca preparación, a pesar de que tenían que familiarizarse con calles, direcciones y rutas locales que no conocían. «No reciben suficiente formación», dijo Kim. «Entonces se cometen errores».

DAO afirmó que cuenta con «una combinación de personal contratado directamente y repartidores independientes que operan en virtud de acuerdos contractuales, incluidos los subcontratistas», y que ambos están «cubiertos por el mismo convenio».

Estos primeros fallos suscitaron dudas sobre la capacidad del sistema para sustituir a PostNord. Sin embargo, no explicaban por qué se habían aceptado los riesgos de esa transición.

Aunque los tres trabajadores no discuten este descenso, afirman que no se comprendió que las cartas que quedaban para repartir solían ser más importantes: pasaportes, tarjetas bancarias, muestras médicas y documentos oficiales. Lo que desapareció fue también una forma de infraestructura social. Kim afirmó que la digitalización es «buena en muchos aspectos», pero que «muchas personas con discapacidades físicas o mentales no pueden manejar estos sistemas por sí mismas».

«El servicio postal es una infraestructura fundamental, especialmente para las personas que viven alejadas de todo o para aquellas que dependen del correo físico porque no pueden seguir el ritmo de la tecnología», afirmó Heidi.

Dinamarca debería servir de advertencia

Para Rasmus, Dinamarca debería servir de advertencia ahora que Bruselas se dispone a reformar la normativa postal de la UE: «Cerrar un servicio postal nacional y convertirlo en un mercado libre probablemente no funcionará».

«La experiencia de Dinamarca debería servir de lección importante para el debate europeo más amplio. La verdadera cuestión es también qué tipo de sociedad queremos construir y si el acceso a la comunicación sigue siendo un derecho para todos», afirmó Dzevad Ramic, presidente del sector postal del sindicato 3F.

Dado que la reforma del mercado postal europeo podría afectar a 1,8 millones de trabajadores postales y de reparto, Heidi recuerda que el rumbo de la reforma no es «inevitable». «Es una elección política».

(Editado por bw, vc/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)