El consenso occidental se desmorona en los Balcanes
EE. UU. apuesta por modelos económicos que favorecen expresamente a las empresas estadounidenses. Por el contrario, la UE apuesta por una política basada en normas, caracterizada por los largos procesos de adhesión a la Unión.
PRISTINA – El consenso occidental sobre los Balcanes Occidentales se ha desmoronado, ya que, por primera vez en muchos años, tanto la UE como EE. UU. están aplicando abiertamente opciones políticas diferentes en la región.
Tras la reelección del presidente estadounidense Donald Trump, EE. UU. ha adoptado un enfoque mucho más transaccional, impulsando modelos de desarrollo económico que favorecen explícitamente a las empresas estadounidenses. En un informe reciente sobre los Balcanes Occidentales, el Departamento de Estado de EE. UU. señaló que «la era de la construcción de naciones liderada por EE. UU. ha quedado atrás», una declaración interpretada como un abandono de la anterior política exterior de Washington, basada en valores.
Por el contrario, la UE se ha decantado por una política basada en normas, caracterizada por los largos procedimientos de adhesión del bloque, y ha exigido a los Estados balcánicos que se comprometan a llevar a cabo reformas o, de lo contrario, pierdan la financiación.
Visiones contrapuestas para Bosnia y Herzegovina
En Bosnia y Herzegovina, una empresa con sede en EE. UU. vinculada a la Administración Trump, pero sin experiencia previa en la construcción de gasoductos, ha firmado un importante acuerdo de ampliación de un gasoducto de GNL que conectaría el país con la terminal de Jadran, en Croacia.
Esto ha suscitado preocupación en la UE. Luigi Soreca, embajador de la UE en Bosnia, escribió una carta a las autoridades de Sarajevo advirtiéndoles de que podrían correr el riesgo de perder millones en financiación de la UE si el gasoducto incumple la normativa europea en materia de licitaciones.
En la República Srpska, una entidad de mayoría serbia dentro de Bosnia, el líder serbobosnio prorruso Milorad Dodik está presionando a favor de la secesión, al tiempo que recibe visitas del hijo del presidente de EE. UU., Donald Trump Jr.
Estados Unidos levantó las sanciones contra Dodik y su familia el pasado mes de octubre, a pesar de que fue condenado por incumplir las decisiones de la Oficina del Alto Representante (OHR), un organismo designado internacionalmente que supervisa Bosnia. Varias empresas estadounidenses vinculadas a la Casa Blanca también han firmado acuerdos con el Gobierno de la República Srpska, incluso en el sector de la defensa.
Marko Prelec, analista del International Crisis Group, un centro de estudios, declaró a Euractiv que, si bien la Administración Trump comenzó con un enfoque de no intervención cercano a la política europea en los Balcanes, ahora se ha convertido en una «pura y simple carrera por el dinero, en la que se intenta conseguir contratos lucrativos para empresas estadounidenses de dudosa reputación cuya única ventaja es su proximidad a Trump».
«La UE realmente no confía en absoluto en EE. UU., hasta el punto de que, cuando EE. UU. adopta una postura en los Balcanes, la UE tiende, de forma refleja, a adoptar la contraria», afirmó Prelec.
El futuro de la OHR —una oficina que supervisa la aplicación de los aspectos civiles del Acuerdo de Paz de Dayton de 1995 en Bosnia y Herzegovina— es emblemático de las nuevas tensiones. Estados Unidos y la UE siguen profundamente divididos en torno a la OHR tras la salida del funcionario alemán Christian Schmidt del cargo en mayo.
Estados Unidos, más de 30 años después de que los Acuerdos de Dayton crearan la OHR, aboga por un mandato más limitado para la oficina, y Washington ha advertido de que podría retirar su apoyo a la misma. La UE, por el contrario, sostiene que aún no se cumplen las condiciones para reducir el alcance de la OHR.
Serbia, atrapada entre Washington y Bruselas
Mientras tanto, la implicación de EE. UU. en Serbia es más matizada. El presidente del país, Aleksandar Vučić, invitó el mes pasado a Trump a realizar una visita de Estado y respaldó los planes para construir un hotel Trump en el antiguo cuartel general del Ejército yugoslavo, bombardeado durante los ataques aéreos de la OTAN sobre Belgrado en 1999 y posteriormente conservado como lugar conmemorativo. Tras meses de protestas y acciones legales, el proyecto fue descartado.
Aun así, Serbia sigue manteniendo una relación estrecha con figuras de la Administración Trump, y ha dado la bienvenida a Donald Trump Jr. y a otros aliados de la Casa Blanca. Estados Unidos ha reducido sus ambiciones de inversión tras el fiasco del hotel Trump, pero sigue interesado en el desarrollo de gasoductos de GNL y en la minería.
Sin embargo, la relación de Serbia con la UE es cada vez más tensa. La semana pasada, ocho países de la UE se negaron a iniciar una nueva ronda de negociaciones de adhesión con Serbia.
La ruptura del consenso entre EE. UU. y Europa obliga a los gobiernos a lidiar con dos agendas occidentales cada vez más divergentes. Una se centra en las normas de adhesión a la UE y en la reforma institucional. La otra da prioridad a la influencia estratégica y las oportunidades comerciales de EE. UU., más centradas en sus propios intereses.
Esa divergencia podría debilitar la influencia tradicional de la UE sobre una región en la que la ampliación ha sido durante mucho tiempo su principal herramienta de política exterior.
(Editado por bw, cm/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)