El cerebro de Europa ha abandonado el chat
La expectación previa al «SOTEU» del miércoles fue desmesurada. ¿Por qué Bruselas se está viniendo abajo?
Una de las pocas propuestas concretas del discurso sobre el Estado de la Unión de Ursula von der Leyen fue la prohibición del uso de las redes sociales para los menores de 13 años. Aunque fue muy bien acogida, podría decirse que no fue lo suficientemente ambiciosa: si los acontecimientos de esta semana nos han enseñado algo, es que a la mayoría de los adultos —incluida la presidenta de la Comisión Europea, que ya ha cumplido los sesenta— también se les debería prohibir el acceso a las plataformas digitales.
El discurso del miércoles —o «SOTEU», por utilizar la jerga preferida— estuvo precedido por un aluvión de publicaciones en Facebook, Instagram y X en las que se exhortaba a los ambivalentes ciudadanos europeos a «RESERVAR LA FECHA» para el discurso anual de la reina Ursula sobre los retos que afligen a su reino.
«LA PRÓXIMA FRONTERA DE EUROPA EN MATERIA DE SEGURIDAD Y DEFENSA ESTÁ POR ENCIMA DE NOSOTROS», proclamaba un reel de Instagram de la Comisión, acompañado de la banda sonora de la épica película de ciencia ficción de Christopher Nolan, Interstellar, y en el que aparecían imágenes aparentemente aleatorias de ciudades, satélites, planetas, incendios, bomberos, aviones, barcos, submarinos, drones, almacenes, buscadores de oro, pescadores y (lo que parece ser) un astronauta.
«OJOS EN EL CIELO CAPACES DE ATRAVESAR EL HUMO Y LAS NUBES CONVIRTIENDO LOS DATOS EN INFORMACIÓN DE INTELIGENCIA QUE NOS MANTENE A NOSOTROS Y A NUESTROS ALIADOS A SALVO GRACIAS AL TALENTO DE NUESTROS INNOVADORES», continúa el vídeo. (El vídeo no incluye ningún signo de puntuación. Y, aunque me dedico a escribir, sinceramente no sé cómo puntuarlo).
Sobre la ensordecedora música de órgano, aparece entonces la voz tranquila, casi temblorosa, de von der Leyen. «En mi próximo discurso sobre el Estado de la Unión, contaré una historia: la historia de nuestros innovadores que hacen de nuestra Unión un lugar más seguro».
Eso mola, como dirían mis amigos de la Generación Z. (Antes de añadir, supongo: ¿Se me ha ido la cabeza a mí o a ella?)
Por desgracia para los «innovadores» europeos que navegan en submarinos, pilotan drones o viajan al espacio, su «historia» no fue la única que la presidenta de la Comisión prometió amablemente «contar». A los niños adictos a las redes sociales, a los niños ucranianos y a los bomberos (es decir, no solo a los innovadores) se les prometió —y recibieron debidamente— su momento de gloria bajo el sol de Estrasburgo; o, más precisamente, en el monótono hemiciclo del Parlamento Europeo. ¡Danke, Ursula!
Sin embargo, al igual que las últimas películas de Nolan, el tráiler del SOTEU resultó ser considerablemente mejor que el discurso en sí.
De hecho, esto era inevitable. Ningún discurso —ni siquiera uno que durara una hora y 13 minutos— podría abordar seriamente temas tan variados como la inteligencia artificial, la adicción a las redes sociales, la migración, Rusia, Ucrania, China, Canadá, los mercados de capitales, la integración económica, la normativa bancaria, el cambio climático, Oriente Medio, los minerales críticos, la agricultura, la desindustrialización, la preparación ante crisis, la sanidad, los derechos laborales, los acuerdos de libre comercio, la ciberseguridad, la OTAN, el gasto en defensa, la sostenibilidad fiscal, la ampliación, el Estado de derecho y —en un macabro final— el funeral de un criminal de guerra en Belgrado.
De hecho, esta amplísima temática no hizo sino animar aún más a la presidenta de la Comisión a imitar a los líderes estadounidenses, cuyos discursos sobre el estado de la Unión parece tan dispuesta a imitar, recurriendo a tópicos.
Así, von der Leyen nos dijo que hay que «recortar drásticamente» la «burocracia». Abordar la «fragmentación» en los mercados de capitales y la normativa bancaria es «fundamental». El comercio con China debe «reequilibrarse». El presupuesto de la UE debe ser más «moderno». Etcétera.
Además, muchos de estos tópicos no eran nada nuevo. En su primer discurso sobre el estado de la Unión en 2020, von der Leyen también exigió que se «redujera» la «burocracia», que se «completaran» la denominada Unión de Mercados de Capitales y la Unión Bancaria, que la relación de Bruselas con Pekín fuera menos «desequilibrada» y que se «renovara» el presupuesto de la UE.
La mayoría de estas frases hechas tampoco eran nuevas por aquel entonces. En el primer discurso sobre el Estado de la Unión Europea, pronunciado en 2010, el entonces presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, también se comprometió a «reducir la burocracia», «profundizar» en el mercado único del bloque, «impulsar la competitividad de las empresas» e introducir un presupuesto de la UE «moderno».
Barroso incluso incluyó la referencia, ahora obligatoria, a un informe sobre la economía de la UE elaborado por un antiguo primer ministro italiano —que von der Leyen, para su eterna vergüenza, omitió en su discurso sobre el Estado de la Unión Europea de 2020—. (Por si te lo estás preguntando —aunque probablemente no sea así—, se trata del estudio de 2010 de Mario Monti, predecesor de Enrico Letta al frente del Gobierno de Roma y gurú del mercado único en Bruselas.)
En otras palabras, todo son tópicos de principio a fin.
Una omisión imposible
Por otra parte, los discursos sobre el estado de la Unión de Barroso, a diferencia de los de von der Leyen, nunca pretendieron ser otra cosa. Tampoco contenían ninguna de esas propuestas descabelladas que, sospecho, solo podrían haberse concebido —y mucho menos pronunciado— en nuestra era, tan influida por las redes sociales.
Tomemos, por ejemplo, el anuncio de von der Leyen de que Canadá debería convertirse en el primer «miembro asociado» de la UE: una categoría de pertenencia que no existe legalmente, que nunca se había mencionado anteriormente y que fue rechazada de inmediato —y de forma humillante— por Ottawa.
«Lo único que digo es que, antes de llegar al punto en el que se decide cómo se va a llamar algo, habría que saber realmente cómo es», declaró a los periodistas Jonathan Wilkinson, embajador designado de Canadá ante la UE, apenas unos minutos después de que von der Leyen tomara la palabra.
Traducción: ¿De qué demonios estás hablando?
Sin embargo, fue en materia económica donde la falta de contenido del discurso resultó especialmente evidente… y reveladora. Hay tres cuestiones que merece la pena mencionar.
La primera es la ausencia total de cualquier mención a EE. UU.: un descuido sorprendente, dada la evidente relevancia de las acciones de Estados Unidos para («el estado de») la UE, y el hecho de que las políticas de Washington —desde la guerra en Irán hasta su enorme déficit presupuestario— corren el riesgo de empujar a Europa al abismo económico.
La segunda es que von der Leyen no haya respaldado nuevas sanciones contra Rusia, algo que sí hizo explícitamente el año pasado, así como su incapacidad para articular una visión coherente sobre cómo poner fin al derramamiento de sangre en Ucrania.
El tercer punto, relacionado con los anteriores, es la falta de detalles sobre cómo se financiará el esfuerzo bélico de Ucrania, a pesar de que Kiev estima que se enfrenta a un déficit presupuestario de 27.000 millones de dólares este año y de que Bruselas ha admitido en repetidas ocasiones que los aliados occidentales aún no han prometido un apoyo financiero suficiente.
Estas omisiones no son accidentales. De hecho, es fácil deducir por qué no se ha mencionado nada al respecto: se trata de algunos de los pocos temas que von der Leyen abordó en profundidad en anteriores discursos sobre el estado de la Unión —y en los que los acontecimientos posteriores pusieron de manifiesto lo inviables que eran sus ideas—.
Recordemos que fue von der Leyen quien, durante el primer mandato de Donald Trump como presidente de EE. UU. en 2020, afirmó que Europa «siempre valorará la alianza transatlántica», antes de capitular ante la extorsión al estilo mafioso de Trump durante las negociaciones comerciales del año pasado.
Fue nuestra querida presidenta de la Comisión quien afirmó, apenas unos meses después de que Rusia lanzara su guerra de agresión en 2022, que las sanciones habían dejado la economía de Moscú al borde de la muerte; y, sin embargo, cuatro años después, no ha explicado por qué la maquinaria bélica de Vladimir Putin no ha tirado la toalla.
Y fue la Dra. Von der Leyen quien, en el discurso sobre el estado de la Unión del año pasado, propuso un «préstamo de reparaciones» a Kiev utilizando activos rusos inmovilizados —una iniciativa que envenenó el ambiente político en Bruselas durante meses, hasta que Bélgica convenció a todos de que, en su lugar, se emitiera deuda conjunta—.
Sin embargo, en lugar de volver a abordar cualquiera de estas cuestiones críticas, von der Leyen parece haber llegado a la conclusión de que es mejor no decir nada al respecto y, para asegurarse de que la gente no se dé cuenta, distraerla con una serie de propuestas absurdas y vídeos incoherentes en Instagram.
Una cosa es segura: tengo que pasar menos tiempo en Internet.
Y no soy el único.
Resumen de noticias económicas
Las empresas de la UE adaptan sus cadenas de suministro ante las tensiones entre EE. UU. y China. Dos tercios de las empresas europeas están preparadas para gestionar los riesgos geopolíticos, según una encuesta del Banco Europeo de Inversiones, ya que las tensiones con Pekín y Washington obligan a las empresas a reforzar su resiliencia ante las crisis económicas. «Abrir y asegurar nuevos mercados es cada vez más importante para las empresas de la UE», señala el estudio, que añade que los responsables políticos deberían tratar de reforzar la «estabilidad» financiera de las empresas mediante la profundización del mercado único. Lee el estudio aquí.
Bruselas insinúa un cambio en la estrategia de sanciones a Rusia. En su discurso sobre el Estado de la Unión del miércoles, Ursula von der Leyen afirmó que la UE debería centrarse en hacer cumplir las sanciones existentes en lugar de proponer nuevas medidas restrictivas contra Moscú. «La presión sobre Rusia debe seguir aumentando», declaró la presidenta de la Comisión Europea. «Y esto no siempre requiere nuevas sanciones, sino, sobre todo, la aplicación de las ya existentes». Más información.
Los temores del mercado de bonos frustran el plan de la UE contra la crisis energética. Italia y Grecia son los únicos países que han solicitado permiso para reforzar su «resiliencia estructural» ante las crisis energéticas sin infringir los límites fiscales de la UE, más de tres meses y medio después de que Bruselas presentara formalmente la idea. «Mi impresión general es que, aparte de Grecia e Italia, la principal preocupación es el mercado de bonos, más que las normas fiscales de la UE», afirma Sander Tordoir, economista jefe del Centro para la Reforma Europea. Lee más.
La UE se prepara para un «peligroso» derroche de fondos por la COVID-19. Se espera que Bruselas desembolse hasta 133.000 millones de euros del fondo de recuperación de la pandemia de la UE antes de que expire a finales de 2026, lo que suscita el temor de que el dinero de los contribuyentes pueda malgastarse. «La presión política y administrativa para desembolsar los fondos rápidamente es sin duda real —y peligrosa—», afirmó Daniel Freund, eurodiputado alemán de Los Verdes en la Comisión de Control Presupuestario del Parlamento. Lee más.
Carney insta a la UE a ratificar el acuerdo comercial con Canadá. En una entrevista con el Financial Times, el líder canadiense afirmó que «animaría» a los diez países de la UE cuyos parlamentos nacionales aún no han aprobado el acuerdo —entre los que se incluyen Francia e Italia— a que lo hagan durante su viaje a Europa para asistir al discurso sobre el Estado de la Unión. El acuerdo «es una iniciativa positiva porque es bueno para Europa, es bueno para Canadá, nos hará más soberanos, más resilientes, más independientes y también más prósperos», afirmó. Más información.
Las empresas de la UE exigen medidas sobre los «clústeres de innovación». La Mesa Redonda Europea para la Industria (ERT), un grupo de presión con sede en Bruselas, ha señalado que los clústeres industriales —el «corazón de la innovación» en Europa— se ven frenados por múltiples «debilidades estructurales», entre las que se incluyen un mercado único fragmentado, los elevados precios de la energía y la falta de escala. «La carrera por la innovación es ahora una carrera por la escala, y la escala es lo que Europa necesita», afirmó Justin Hotard, copresidente del Comité de Investigación y Desarrollo de la ERT y presidente y director ejecutivo de Nokia. «La investigación, el talento y la solidez industrial ya están aquí». Lee el informe aquí.
(Editado por Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)