Islandia, profundamente dividida mientras sus habitantes votan sobre la UE
La Comisión Electoral de Islandia prevé una participación récord. Ya han votado 56.774 personas, lo que supone alrededor del 20 % de un censo electoral de aproximadamente 270.000. Unas 17.000 personas votarán desde el extranjero.
REIKIAVIK – Se espera que los islandeses acudan en masa a las urnas este fin de semana en la crucial votación para decidir si se reanudan las negociaciones para la adhesión a la UE.
La votación del sábado es el cuarto referéndum de la historia de este joven país, y el primero de este tipo sobre la relación de Islandia con la UE. Islandia inició las negociaciones de adhesión en 2010, pero las suspendió tras un cambio de gobierno tres años más tarde.
La Comisión Electoral de Islandia prevé una participación récord. Ya han votado 56.774 personas, lo que supone alrededor del 20 % de un censo electoral de aproximadamente 270.000 personas. Unas 17.000 personas votarán desde el extranjero.
En los últimos días de la campaña, el bando del «Sí» ha ido perdiendo terreno de forma constante. Una encuesta publicada el jueves —la primera en semanas— otorgaba a la campaña del «No» una ventaja mínima, con un 51 %.
Uno de los escépticos es Axel, un entrenador de fútbol de unos sesenta años de Reikiavik, que ha dicho que va a votar «No» —por ahora—. «Europa es un poco demasiado inestable», afirmó, citando sus preocupaciones por el conflicto de Ucrania con Rusia y el Brexit. «Pero en el futuro, quizá». Comentó que su hija, una agricultora, le había llamado para asegurarse de que votaría «No».
Pero la decisión no está clara ni siquiera entre los islandeses más jóvenes. Bjarki, un ingeniero de 27 años que trabaja para el Ayuntamiento de Reikiavik, está dispuesto a iniciar negociaciones con Bruselas, pero sigue indeciso sobre la adhesión definitiva. «Depende totalmente de las condiciones que la Unión Europea establezca para nuestra adhesión», afirmó.
El control de la pesca islandesa estará sobre la mesa de negociaciones; esa es una línea roja para muchos isleños. «Somos una nación pesquera. La mitad de mi familia son pescadores», afirmó.
Una familia dividida
Las cascadas y las formaciones volcánicas dominan el pintoresco paisaje a las afueras de Reikiavik, mientras en los campos se ven carteles colgados de fardos de heno en los que se lee «ESB, nei takk» —«UE, no, gracias»—.
La preocupación por la adhesión a la UE está muy extendida en la comunidad empresarial. Bjarni Benediktsson, ex primer ministro y actual director ejecutivo de la Confederación de Empresas Islandesas (SA), señaló que la organización es neutral, pero que aproximadamente dos tercios de sus miembros se oponen a la adhesión a la UE.
«La sensación general es que […] nos las estamos arreglando, y podemos seguir haciéndolo, y que los problemas a los que nos enfrentamos son más nacionales que internacionales», afirmó Benediktsson. Islandia ya disfruta de acceso al mercado único a través del Espacio Económico Europeo (EEE) y, añadió, goza de buena salud económica.
La campaña también ha puesto de manifiesto lagunas en la normativa islandesa. Los expertos electorales de la OSCE han identificado deficiencias en el marco jurídico del referéndum en lo que respecta a la financiación de la campaña y la transparencia de los fondos.
El desequilibrio es visible en las calles de Reikiavik, donde predominan las vallas publicitarias del «No». Jónas Hagan Guðmundsson, de la campaña a favor del diálogo «Yes to See», afirmó que su organización había recaudado 80 millones de ISK (570.000 euros), al tiempo que acusaba a los opositores de gastar mucho más que ellos gracias al fuerte respaldo de la industria.
La cuestión del dinero ha alimentado un debate cada vez más enconado. «Me ha sorprendido», afirmó Guðmundsson. «Es un poco decepcionante hasta qué punto hemos llegado a dividir al país».
El viernes, esa tensión dio un giro más sombrío. La ministra de Asuntos Exteriores, Þorgerður Katrín Gunnarsdóttir, una de las defensoras más destacadas del país a favor de reabrir las negociaciones, reveló que había recibido «amenazas graves» por su postura.
El viernes por la tarde, Reikiavik estaba en calma antes de que abrieran los colegios electorales, pero la pequeña nación insular seguía estando lejos de mantenerse unida.
(Editado por bw, aw/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)