El debate sobre China llega a un punto álgido mientras la UE se plantea adoptar una postura más firme

Durante años, el creciente superávit comercial de China, su dominio de las cadenas de suministro críticas y el estrechamiento de sus lazos con Rusia han tensado la relación de Europa con la segunda economía más grande del mundo.

Euractiv
EU-China Summit
Ursula von der Leyen. [Foto: Mahesh Kumar A. - Pool/Getty Images]

Los líderes europeos debatirán la relación cada vez más tensa de la UE con China cuando se reúnan en Bruselas el jueves, pero hay pocos indicios de que el debate vaya a aliviar las tensiones con Pekín.

Durante años, el creciente superávit comercial de China, su dominio de las cadenas de suministro críticas y el estrechamiento de sus lazos con Rusia han tensado la relación de Europa con la segunda economía más grande del mundo.

Los acontecimientos recientes han agudizado esas tensiones. En marzo, la Comisión Europea enfureció a Pekín al proponer una ley Made in Europe destinada a frenar el papel de China en sectores industriales estratégicos.

A principios de este mes, la Comisión también respaldó una iniciativa liderada por Francia para reforzar las herramientas de defensa comercial de la Unión frente a la coacción económica. El lunes, Bruselas afirmó haber verificado las informaciones según las cuales ciudadanos chinos estaban recibiendo entrenamiento de Rusia para combatir en Ucrania, acusaciones que Pekín ha desmentido.

«Es probable que el Consejo Europeo de esta semana marque uno de los momentos más importantes en el debate europeo sobre China de los últimos años», afirmó Andrew Small, director del programa de Asia del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

«Actuar con la envergadura y la rapidez necesarias»

«La cuestión ya no es si China plantea un desafío sistémico —los líderes de la UE lo aceptan ahora de forma generalizada—, sino si Europa está preparada para actuar con la envergadura y la rapidez necesarias», añadió.

Hay indicios de que incluso Alemania, que tradicionalmente se ha contado entre las capitales europeas más favorables a China, está reevaluando su postura, ya que sus industrias orientadas a la exportación se enfrentan a una competencia cada vez más intensa por parte de los fabricantes chinos.

«No podemos quedarnos de brazos cruzados, ni lo haremos, cuando otros incumplan las normas comunes», declaró la semana pasada Friedrich Merz, canciller de Alemania, añadiendo que la UE debería protegerse de «las distorsiones […] causadas por las prácticas comerciales de otros Estados».

Otros han ido más allá. Bart De Wever, primer ministro de Bélgica, acusó recientemente a China de comportarse como un «señor imperial» y criticó a sus homólogos de la UE por tener «miedo» a plantar cara a los esfuerzos de Pekín por crear «dependencias sistémicas» a través de sus cadenas de suministro.

Funcionarios y analistas de la UE advierten de que el enorme superávit comercial de China, que alcanzó el año pasado la cifra récord de 1,2 billones de dólares (1,04 billones de euros), ha agravado las presiones a las que se enfrenta la industria europea, especialmente en los sectores químico, de la automoción y de la maquinaria.

«Desequilibrios comerciales insostenibles»

«Existe una percepción cada vez mayor de que los desequilibrios comerciales que todos los Estados miembros tienen con China son insostenibles», afirmó un alto funcionario de la UE. El «objetivo general» del debate del jueves, añadió el funcionario, es que las capitales nacionales proporcionen orientación a la Comisión sobre «cómo hacer frente a este reto».

James Green, investigador del Centro para la Reforma Europea, señaló que el modelo de crecimiento de China, impulsado por las exportaciones, había agravado las dificultades económicas generales de Europa, entre las que se incluyen los elevados costes energéticos y los aranceles generalizados impuestos por el presidente de EE. UU., Donald Trump, a las exportaciones de la UE a ese país. «Si la industria china es un tiburón, en estos momentos está dando grandes mordiscos a la industria europea», afirmó.

Sin embargo, muchos se muestran escépticos respecto a que Europa esté preparada para traducir su retórica más dura en acciones concretas. Alicia García Herrero, investigadora principal del centro de estudios Bruegel, con sede en Bruselas, señaló que las divisiones entre los Estados miembros de la UE y el temor a represalias por parte de China hacen poco probable que los líderes acuerden medidas concretas este jueves.

España se distancia de las peticiones de medidas más duras

España, que ha estrechado sus lazos con Pekín en los últimos años, se ha distanciado recientemente de las peticiones francesas de medidas comerciales más duras, a pesar de que inicialmente las apoyaba.

«A menos que se cuente con un apoyo muy firme de los Estados miembros, del que carecemos… [los líderes no] propondrán ninguna vía de actuación consensuada», afirmó García Herrero, añadiendo que lo más probable es que la cumbre no dé lugar a mucho más que «palabras más contundentes».

Los temores a las represalias no carecen de fundamento. Los controles a la exportación de tierras raras impuestos por China el año pasado, que abarcaban materiales utilizados en una amplia gama de tecnologías civiles y militares, despertaron la alarma en las capitales europeas y obligaron a algunos fabricantes a retrasar o suspender la producción.

Las restricciones también contribuyeron a una tregua inestable entre Pekín y Washington después de que Trump impusiera aranceles de hasta el 145 % a las importaciones chinas. Envalentonado por su victoria sobre EE. UU., Pekín ha amenazado explícitamente con tomar represalias contra medidas comerciales más estrictas por parte de Bruselas.

«¿Otra versión del proteccionismo?»

«¿No es la “diversificación”, en este caso, simplemente otra versión del proteccionismo?», declaró a principios de este mes un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, después de que la Comisión aprobara un instrumento específico destinado a reducir la dependencia europea de China. «Como reza un antiguo proverbio chino, no hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti», añadió el portavoz.

Los analistas también advierten de que las medidas comerciales adicionales servirían de poco para abordar la causa más profunda de la tensión: la dependencia de China de una industria manufacturera impulsada por las exportaciones. China representa actualmente aproximadamente un tercio de la producción industrial mundial, unas tres veces más que EE. UU. y nueve veces más que Alemania.

«China tiene un interés estratégico en mantener este modelo impulsado por las exportaciones, en parte porque ello significa que la UE, EE. UU. y terceros países de todo el mundo dependen de sus productos, lo que le da a China una posición de ventaja», afirmó Green. Sin embargo, sigue sin estar claro si esta actitud más firme de Europa se traducirá en medidas políticas.

No obstante, Green también señaló que aún no está claro cuál será el resultado del debate del jueves. «Creo que estamos asistiendo a un cambio de mentalidad hacia una línea más dura frente a Pekín», señaló Green. «Pero aún está por ver cómo se traducirá esa línea más dura en medidas concretas».

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(Editado por bw, cz/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)