El regreso de Baka: el nuevo presidente de Hungría para la transición tras la era Orbán

András Baka se convertirá en el próximo presidente de Hungría, lo que ayudará al primer ministro Péter Magyar a pasar página tras años de autocracia bajo el mandato de Viktor Orbán.

Euractiv
Crowds Attend Anti-government Concert In Budapest
Manifestación contra Fidesz celebrada el 10 de abril de 2026 en Budapest. [Foto: Jaap Arriens/NurPhoto via Getty Images]

BUDAPEST – El Parlamento húngaro celebrará este martes una votación secreta para elegir al jurista András Baka como próximo presidente del país.

Dada la abrumadora mayoría cualificada del 71 % del partido Tisza, la victoria de este hombre de 73 años es una mera formalidad. Se espera que Baka asuma el cargo el 19 de agosto, antes de la fiesta nacional del 20 de agosto, para cubrir el vacío dejado por el destituido Tamás Sulyok.

Aunque el Gobierno presenta el nombramiento como un retorno al Estado de derecho, Baka —cuya carrera se caracteriza por una adhesión rígida y a menudo controvertida a la letra de la ley— supone una compleja paradoja política para el primer ministro Péter Magyar.

El nombramiento de Baka está cargado de ironía histórica. En 2011, el Gobierno del Fidesz del ex primer ministro Viktor Orbán lo destituyó de la presidencia del Tribunal Supremo mediante una maniobra constitucional de «una sola frase».

En aquel momento, Baka denunció la decisión, argumentando que «el hecho de que un alto cargo … pueda ser destituido de su cargo mediante una enmienda de última hora … es sencillamente atroz».

Quince años después, está a punto de beneficiarse de esa misma táctica. Sulyok, su predecesor, fue destituido el mes pasado mediante la 17.ª Enmienda, una maniobra legislativa que puso fin a su mandato de la noche a la mañana. 

Baka ha calificado esto como un acto necesario de «liberación del Estado», aunque los críticos señalanque el mecanismo jurídico es el mismo que él mismo tildó en su día de violación del Estado de derecho.

Una figura profundamente polarizante

Para la derecha húngara, Baka sigue siendo una figura profundamente polarizante debido a su trayectoria judicial en relación con los dos traumas históricos más dolorosos del país: la Revolución de 1956 y el escándalo de la brutalidad policial de 2006.

Baka formó parte de la mayoría del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que anuló la condena del oficial militar retirado János Korbely por crímenes contra la humanidad relacionados con 1956. La sentencia sostenía que los asesinatos no constituían delitos imprescriptibles según el derecho internacional de la época, una decisión que los críticos tacharon de favorecer un formalismo jurídico rígido por encima de la necesidad moral de exigir responsabilidades a los autores de los hechos de 1956.

Igualmente controvertido es su papel en relación con los disturbios de 2006. Mientras que Magyar forjó su identidad política inicial como activista en defensa de las víctimas del terror policial del Gobierno de Gyurcsány, Baka, como presidente del Tribunal Supremo, se opuso a una «ley de nulidad» destinada a rehabilitar a las víctimas.

Un proceso de selección «secreto»

A pesar de las promesas electorales del partido Tisza de poner fin a los «acuerdos a puerta cerrada» e introducir consultas sociales para la presidencia, el proceso de selección de Baka fue todo menos transparente. Tras el fracaso de la candidatura de Judit Polgár, la búsqueda de un candidato se llevó a cabo a puerta cerrada. 

La facción de Tisza eligió a Baka en una votación secreta el domingo, sin dejar margen para el «debate público» que Magyar había prometido en su momento.

Los críticos han señalado que Baka encarna muchos de los rasgos que los votantes de Tisza solían ridiculizar en los nombramientos del Fidesz. Es mayor que Sulyok, es jurista de carrera y está siendo nombrado por una mayoría parlamentaria unilateral. La oposición, el partido Fidesz, ha presentado esto como una prueba de la «autocracia de Tisza».

Tensiones dentro de la alianza

Baka ya ha dado a entender que no se limitará a ser un mero títere de las reformas de Tisza. Aunque apoya el desmantelamiento de la era Orbán, se ha enfrentado públicamente al Gobierno de Magyar por el límite de 12 años para el mandato de los diputados, calificándolo de «inaceptable» en una entrevista reciente previa a su nombramiento.

También ha defendido que las herramientas administrativas no deben sustituir a la voluntad democrática de los votantes.

Esto sugiere que, aunque Baka está dispuesto a facilitar el «cambio de régimen», sigue siendo un formalista que no infringirá la letra de la ley para satisfacer la conveniencia política. El grupo de expertos Political Capital sugiere que su presidencia se caracterizará por su naturaleza «transitoria».

Su mandato expirará tan pronto como se apruebe la nueva Constitución húngara, o en un plazo máximo de cinco años.

(Editado por ow, cm/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)