La isla de la fantasía: El destino americano de Groenlandia
Dinamarca ha reaccionado indignada a las amenazas de Trump, pero Groenlandia lleva décadas deshojando la margarita sobre su estatus futuro.
Nuuk (Groenlandia/Euractiv.com/.es) – Desde que Fredrik IV decidió colonizar Groenlandia en la década de 1720, las autoridades de Copenhague no han sabido qué hacer con ella.
Donald Trump puede estar a punto de decidir por ellos (de una vez por todas).
Los planes del presidente electo de Estados Unidos sobre Groenlandia pueden parecer una más de sus muchas excentricidades. Sin embargo, importantes cuestiones penden de un hilo, entre ellas qué hará Estados Unidos con la isla si se hace con su control y si Europa tiene la suficiente voluntad para frenarle.
Aunque las autoridades danesas han reaccionado con indignación ante la insinuación no tan sutil de Trump de que podría tomar Groenlandia por la fuerza, lo cierto es que el control del país sobre la isla se ha ido debilitando durante décadas a medida que crecía el apoyo a la independencia.
Otra cuestión es si la independencia es realmente una opción viable para los 56.000 habitantes de Groenlandia, dispersos por un territorio cuatro veces mayor que Francia.
Para el primer ministro groenlandés, Múte B. Egede, la respuesta está clara.
«Ya es hora de que nosotros mismos demos un paso y decidamos nuestro futuro, también en lo que respecta a con quién cooperaremos estrechamente y quiénes serán nuestros socios comerciales», declaró en su discurso de Año Nuevo. En otras palabras, independencia.
La «brecha GIUK
Groenlandia no se convirtió en colonia de la Corona danesa hasta 1721, pero ya en el siglo X llegaron allí nórdicos procedentes de Islandia, liderados por Eric el Rojo, el legendario explorador vikingo. El pueblo Thule, que ahora habita Groenlandia, no llegó hasta pasados unos cientos de años.
En 1953, Dinamarca cambió el estatus de Groenlandia y la incorporó formalmente al país como condado. Hoy, la isla es un territorio autónomo dependiente de Dinamarca con su propio gobierno.
Por complicada que sea la cuestión de quién debe controlar Groenlandia, entender el atractivo de la gigantesca isla es sencillo: minerales y geografía.
Situada aproximadamente a medio camino entre Europa y Estados Unidos, donde el Mar del Norte se funde con el Océano Ártico, Groenlandia -considerada por los geógrafos como parte de Norteamérica- ha sido durante mucho tiempo un importante puesto estratégico para el ejército estadounidense, una presencia que Dinamarca ha acogido con satisfacción.
La llamada «brecha GIUK», las aguas entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido, es a la vez una ruta comercial crucial y un paso naval para la OTAN y su principal adversario, Rusia; es la zona donde se ambientó la película -ya un clásico- sobre la Guerra Fría «La caza del Octubre Rojo».
Tierras raras
Sin embargo, lo que parece haber despertado el interés de Trump tiene menos que ver con la geografía que con las reservas de minerales de tierras raras de Groenlandia, en gran medida sin explotar.
China controla el 70% de la producción mundial de minerales de tierras raras, según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos y la Agencia Internacional de la Energía.
Por otra parte, Groenlandia es reserva de muchos minerales identificados por la OTAN como «críticos para la defensa», especialmente de cobalto, grafito, tungsteno y elementos de tierras raras.
Con las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, y con Pekín limitando ya el acceso a sus minerales estratégicos de tierras raras, Washington se ha esforzado por encontrar otras fuentes.
Pero si el principal objetivo de Trump es acceder a los minerales de Groenlandia, probablemente podría hacerlo sin anexionarse la isla.
«Tenemos las puertas abiertas para la minería», dijo Egede en rueda de prensa en Nuuk el lunes. «Así seguirá siendo en los próximos años»
Grandes decisiones
A más tardar el próximo mes de abril se sabrá hasta qué punto Groenlandia abrirá sus puertas a Estados Unidos. Los isleños deben elegir un nuevo parlamento para formar gobierno, y la propuesta de Trump dominará la campaña.
El gobierno actual está formado por el partido «Comunidad del Pueblo» (IA) y Siumut, un partido verde y otro socialdemócrata. Juntos suman 21 de los 31 escaños del Parlamento groenlandés, conocido como Inatsisartut.
Ambos partidos son favorables a la independencia, pero insisten en que el divorcio del reino danés debe producirse gradualmente, a medida que Groenlandia dependa menos de la ayuda en bloque que Dinamarca concede al país, unos 500 millones de euros anuales.
En 2009, Dinamarca otorgó al gobierno groenlandés amplias competencias en asuntos internos, mientras que la seguridad y la política exterior siguen siendo competencia de Copenhague, para consternación de los responsables políticos de Nuuk.
«Seguir formando parte de Dinamarca impide a los groenlandeses ver las oportunidades de la independencia», asegura Pele Broberg, miembro del Parlamento groenlandés.
Broberg ha desempeñado diversas funciones en los gobiernos groenlandeses, entre ellas la de ministro de Asuntos Exteriores, Comercio e Industria en 2021. Su partido independentista, Naleraq, está ahora en la oposición en el Parlamento.
Libre asociación
A diferencia de los partidos gobernantes de Groenlandia, Broberg no tiene dudas sobre la ruptura del país con Copenhague.
«Debemos iniciar el proceso de libre asociación lo antes posible», afirma.
Le preocupa menos la dependencia de Groenlandia de Dinamarca para algunos servicios e instituciones, y más la policía, los centros penitenciarios y los servicios judiciales.
Los acuerdos de libre asociación son una forma de descolonización reconocida por la ONU. Groenlandia lleva explorando un modelo de independencia basado en la libre asociación desde los años noventa.
En ese sentido, un grupo de trabajo designado por el Parlamento groenlandés presentó un proyecto de Constitución en la primavera de 2023. La libre asociación se debate como posible marco para organizar la futura soberanía.
En el mundo, cinco antiguas colonias tienen hoy acuerdos de libre asociación. Una de ellas son las Islas Cook, que mantienen un acuerdo de libre asociación con Nueva Zelanda desde 1965, en una situación algo similar a la de Dinamarca y Groenlandia: un Estado insular con una pequeña población repartida en una gran superficie.
Aunque sigue recibiendo cierta ayuda financiera de Nueva Zelanda, las Islas Cook deciden su propia política exterior y de seguridad, una cuestión que actualmente compete a Copenhague en el caso de Dinamarca y Groenlandia.
Broberg no se opone a que el futuro Estado groenlandés se construya en libre asociación con Dinamarca, «pero no tiene por qué ser así», subraya.
Hacia el Este o el Oeste
También se podría firmar un acuerdo de libre asociación con Estados Unidos. En cierto modo sería más fácil: Nuuk está más cerca de Nueva York que de Copenhague.
Algunos destacados groenlandeses están presionando en esa dirección. A principios de este mes, Matilda Høegh-Dam, diputada groenlandesa en el Parlamento danés, recurrió a Facebook para pedir al gobierno de su país que diera un paso y se separara de Dinamarca para unirse a Estados Unidos.
En su «post», Høegh-Dam destacó el vínculo histórico con Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
«Dinamarca tuvo que rendirse de inmediato a Alemania», asegura.
«En los años siguientes, Estados Unidos se encargó de protegernos. Sin coacción, pero cooperando con nosotros. Groenlandia y los americanos desarrollaron una estrecha cooperación – sin contacto con Dinamarca», subraya.
Minik Rosing, profesor groenlandés de geología en la Universidad de Copenhague y crítico declarado del movimiento independentista de su país, lo ve de otro modo.
Refiriéndose a la venta danesa de las Islas Vírgenes a Estados Unidos en 1917, Rosing señala la falta de representación democrática en los Estados Unidos federales con la que las islas siguen luchando hoy en día.
«Todavía no tienen derecho a voto», afirma desde su oficina en Copenhague. Teme que a Groenlandia le ocurra algo parecido si cede a las exigencias de Estados Unidos.
No se vende
Una y otra vez, tanto los funcionarios groenlandeses como los daneses han rechazado la idea de que Estados Unidos compre o se apodere del país, y Egede ha afirmado que «no queremos ser daneses, no queremos ser estadounidenses; por supuesto, queremos ser groenlandeses»
Los cinco partidos representados en el Parlamento groenlandés han rechazado la idea de pasar a formar parte de Estados Unidos.
Sin embargo, eso no significa que Groenlandia no esté dispuesta a negociar.
«No estamos en venta, pero estamos abiertos a hacer negocios», comenta a Euractiv Kuno Fencker, diputado de Siumut en el Parlamento groenlandés.
El problema al que se enfrenta Copenhague es que no puede decir fácilmente «no» a Trump por la sencilla razón de que Dinamarca, como gran parte del resto de Europa, sigue dependiendo de Estados Unidos para su seguridad.
Mikkel Vedby Rasmussen, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Copenhague, asegura que los largos años de negligencia benigna con Groenlandia por parte de los daneses son los culpables de la situación actual.
«Los norteamericanos se mueven porque los daneses no han estado suficientemente presentes», asegura.
Con Dinamarca y Europa reacias a desafiar a Trump y los groenlandeses impotentes para hacerlo, los únicos que probablemente consigan lo que quieren al final son los estadounidenses.
En otras palabras, los groenlandeses que suspiran por la independencia deberían tener cuidado con lo que desean.
«Groenlandia puede independizarse de Dinamarca algún día», asegura Rasmussen, «pero nunca de Estados Unidos».
*Aurelie Pugnet y Darius Kölsch contribuyeron a este reportaje
(Editado por EA.com y Fernando Heller/Euractiv.es)