Las elecciones suecas ponen a prueba una división entre izquierda y derecha cada vez más difusa

Las últimas encuestas muestran que la derecha sueca está recortando distancias, mientras los socialdemócratas cortejan a los votantes conservadores para intentar recuperar el impulso.

Euractiv
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Los suecos votan el 13 de septiembre. [Foto: Kristian Tuxen Ladegaard Berg/NurPhoto via Getty Images]

ESTOCOLMO – Los suecos votarán el 13 de septiembre en unas elecciones que podrían dar un giro al Gobierno, aunque sin alterar en lo esencial el rumbo político del país.

El Partido Moderado, de centro-derecha, del primer ministro Ulf Kristersson, ha gobernado durante los últimos cuatro años con el apoyo de los Demócratas de Suecia, un partido antiinmigración que, aunque no forma parte del Gobierno, ejerce una influencia significativa en la política.

Durante la mayor parte de ese periodo, el bloque de izquierdas liderado por los socialdemócratas de la ex primera ministra Magdalena Andersson mantuvo una cómoda ventaja en las encuestas.

Las últimas encuestas muestran que la derecha sueca está recortando distancias, mientras los socialdemócratas cortejan a los votantes conservadores para intentar recuperar el impulso.

La inmigración pierde protagonismo

En las dos últimas elecciones suecas, la inmigración y la delincuencia dominaron los debates de campaña. En esta ocasión, los expertos prevén una divergencia política mucho menor entre los distintos partidos.

«Esto supone la continuación de un enfoque restrictivo en materia de inmigración y un enfoque mucho más represivo en materia de orden público, para lo cual la policía y los tribunales cuentan con nuevas y significativas competencias para tomar medidas enérgicas contra la delincuencia organizada», afirmó Nicholas Aylott, profesor asociado de la Universidad de Södertörn de Estocolmo.

El Gobierno de Kristersson y sus aliados de los Demócratas de Suecia también pueden señalar cierto éxito en la reducción de la inmigración y el endurecimiento de la política de orden público, lo que hace que la inmigración tenga menos protagonismo que en 2022.

«En estas elecciones no se quejan de los controles fronterizos ni de la reducción del número de inmigrantes en Suecia, sino que ahora hablan de integración», señaló Pontus Odmalm, politólogo sueco de la Universidad de Edimburgo.

Vuelven los viejos temas

Dinamarca ofrece el paralelismo nórdico más cercano. Los sucesivos Gobiernos daneses —incluidos los socialdemócratas— han combinado normas de inmigración estrictas con requisitos más exigentes en materia de idioma, empleo y autosuficiencia para los recién llegados, lo que ha contribuido a que la política migratoria restrictiva se convierta en una norma transversal a todos los partidos.

Suecia se ha ido moviendo cada vez más en la misma dirección, y el Gobierno de Kristersson ha endurecido los requisitos de ciudadanía, reagrupación familiar e integración, al tiempo que ha acercado la normativa a los estándares mínimos de la UE.

«Ahora se presta mucha atención a lo que se podría llamar una “integración enérgica”, que obliga a las personas a aprender el idioma e impone sanciones si no se alcanzan determinados niveles. También se habla mucho de proteger los valores tradicionales suecos».

Sanidad, educación y orden público

La última encuesta de Novus apunta a una campaña más tradicional, en la que la sanidad, la educación y el orden público figuran como las tres principales preocupaciones de los votantes. La inmigración ocupa el cuarto lugar, seguida de la atención a las personas mayores, mientras que la economía, el empleo, el clima, los impuestos y la energía completan el top ten.

Esa agenda encaja de forma más natural con la izquierda, y varios expertos creen que el bloque de Andersson aún podría obtener suficientes escaños para formar un Gobierno en minoría, una situación habitual en la política sueca.

La pregunta más difícil es qué partidos podrían apoyar un Gobierno de este tipo, tanto desde dentro como desde fuera de la coalición.

El Partido del Centro lleva mucho tiempo abogando por un Gobierno construido en torno al «centro amplio» y se niega a apoyar cualquier administración que dependa de los Demócratas de Suecia. Pero unirse a una coalición liderada por los socialdemócratas que también incluyera al Partido de Izquierda podría resultar igualmente difícil para el partido centrista.

«Una política muy estratégica»

Una incógnita es la viceprimera ministra Ebba Busch, líder de los Demócratas Cristianos, cuyo partido ha obtenido unos resultados inesperadamente buenos en las encuestas de verano.

«Ebba Busch es una política muy estratégica; ve una oportunidad en el centro y ha ganado terreno en las encuestas de opinión», afirmó Jakob Ahlbom, doctorando de la Universidad de Estocolmo, quien describió a los Demócratas Cristianos como un partido que «coquetea» con la izquierda.

Esto plantea la posibilidad de una amplia alianza de centro en la que participen los socialdemócratas, el Partido del Centro y los Demócratas Cristianos, posiblemente con el apoyo de los Verdes. Tal resultado sería «absolutamente eufórico» para el Partido del Centro, señaló Aylott, pero políticamente costoso para los demás líderes implicados.

«Si se pudiera convencer a los Demócratas Cristianos de que “toleraran”, si no se unieran, a un Gobierno socialdemócrata, sería una solución de ensueño para el Partido del Centro, y algo con lo que los socialdemócratas podrían conformarse», afirmó.

Busch, sin embargo, tendría que convencer a un partido arraigado desde hace tiempo en la derecha y que probablemente exigiría concesiones significativas.

Andersson se enfrentaría a su propio reto interno a la hora de explicar por qué los socialdemócratas deberían cooperar con el Partido del Centro y los demócratas cristianos a expensas de sus socios tradicionales del Partido de Izquierda.

Por su parte, los Verdes han declarado que no podrían aceptar un acuerdo con los Demócratas Cristianos, lo que complica aún más los cálculos para formar una coalición. «Hay muchas variables en juego», señaló Aylott.

(Editado por cs, bw/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)