«Ad Bruxellam»: convertir el latín en la próxima lengua de la UE

Un nuevo movimiento paneuropeo llamado Via Nova quiere revivir el latín para dotar a los europeos de una lengua hablada común con peso histórico, una que, en sus propias palabras, lleve consigo el «bagaje de la civilización».

Euractiv
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¿Hablas inglés o latín? [Foto: Getty Images. Ilustración: Martina Monti]

El latín no es precisamente lo primero que viene a la mente cuando se piensa en la próxima lengua común de Europa. ¿No es acaso una lengua muerta grabada en estatuas romanas, que solo se conserva en las encíclicas del Vaticano y que recuerdan principalmente adultos traumatizados que aún se despiertan sudando por sus deberes de latín diciendo «rosa, rosae»?

Un nuevo movimiento paneuropeo llamado Via Nova quiere revivir el latín para dotar a los europeos de una lengua hablada común con peso histórico, una que, en sus propias palabras, lleve consigo el «bagaje de la civilización».

El objetivo no es sustituir al alemán, al checo o al maltés, sino dotar al continente de una lengua franca que pueda actuar como fuente de identidad para el paneuropeísmo y, con el tiempo, convertirse en una lengua oficial de la UE. La UE ya cuenta con 24 idiomas, y añadir otro requeriría el acuerdo unánime de los Estados miembros.

Para el presidente de Via Nova, Timi Celcer, la unión ha dedicado décadas a construir instituciones políticas y un mercado integrado, pero nunca ha logrado encontrar un lenguaje cultural común que transmita identidad y memoria. «Por supuesto, no somos tan ingenuos como para pensar que el latín pueda revivirse de la noche a la mañana», explica Celcer a Euractiv. 

«Es una auténtica locura y no es viable»

Jennifer Jenkins, una destacada investigadora en lingüística aplicada del inglés como lengua franca (ELF) y autora de numerosos libros, entre ellos Global Englishes,opina: «Es una auténtica locura y no es viable». «Por lo que tengo entendido, a la UE tampoco le supone un problema utilizar el inglés, especialmente ahora que el Reino Unido ya no está», añade.

Sin embargo, Via Nova solo se opone al inglés por motivos de identidad, ya que está vinculado a la hegemonía cultural estadounidense sobre Europa y el resto del mundo.  «No nos oponemos a utilizar el inglés en este momento como lengua franca transitoria y práctica, pero solo el latín es una verdadera lengua paneuropea».

Tampoco piensan en mandatos de la Comisión Europea, sino mucho más allá, empezando por dar al latín una campaña de renovación de imagen muy necesaria.  Sobre si un estonio o un islandés se reconocerían en el latín, Celcer, ciudadano esloveno él mismo, sostiene que «el latín es la única lengua paneuropea que nos pertenece a todos».

Jenkins, por su parte, declaró a Euractiv que el latín puede parecer demasiado lejano para países sin raíces en las lenguas románicas. «No creo que los alemanes lo vean tan estrechamente vinculado a su identidad», afirmó.

El sueño de la lengua franca

Celcer explicó que la idea tomó forma durante un viaje de cuatro meses alrededor del mundo que incluyó paradas en la India, China, Irak e Irán. Si la India y China podían verse a sí mismas como entidades políticas únicas a pesar de una diversidad lingüística y regional comparable a la de Europa, ¿por qué no podría hacer lo mismo la UE?

Para Via Nova, el precedente más sólido es el hebreo. Aunque en su día se utilizaba principalmente en contextos religiosos, resurgió como lengua cotidiana cuando los migrantes judíos de toda Europa llegaron a Palestina y, más tarde, a Israel. «Fue un milagro», afirmó. En su opinión, el latín podría seguir el mismo camino.

Jenkins, sin embargo, ve un problema más básico en cómo se comunicaría Europa con el resto del mundo. «¿Cómo hablarían los europeos en latín a los africanos, a los asiáticos orientales o a los del sudeste asiático?», pregunta. «Los chinos no van a aprender latín». Por eso, argumenta, el inglés sigue siendo difícil de superar como lengua franca de Europa.

Esperanto, ido, volapük, interlingua y novial

La historia no carece de intentos a medio camino de resolver este problema. El esperanto, el ido, el volapük, el interlingua y el novial intentaron, cada uno a su manera, crear una lengua neutral para la comunicación internacional.

El esperanto es el ejemplo más destacado. Creado en 1887 como idioma auxiliar universal, se consideró su uso por parte de la Sociedad de Naciones, pero Francia bloqueó la propuesta, al considerarlo una amenaza para el estatus del francés como lengua de la diplomacia.

Via Nova afirma que no quiere inventar una lengua desde cero. «El latín es nuestro aglutinante cultural simbólico», dice Celcer, añadiendo que fue «la lengua franca hasta que Europa se fragmentó lingüísticamente». El latín nunca murió del todo. Evolucionó hacia las lenguas románicas y siguió siendo la lengua franca de la erudición, la diplomacia y la administración internacionales hasta bien entrado el siglo XIX.

La historia, sin embargo, tomó un rumbo diferente. El inglés se convirtió en la lengua global dominante del siglo XX, mientras que el latín nunca llegó a imponerse como lengua común moderna de Europa.

Ad hoc, de facto, alter ego, et cetera, consensus

Pero nunca desapareció por completo. Sigue arraigado en el derecho, la ciencia, la medicina y la teología, así como en expresiones cotidianas como ad hoc, de facto, alter ego, et cetera y consensus.

El latín tampoco ha desaparecido por completo de Bruselas. El lema de la UE, «Unidos en la diversidad», adoptado en 2000, deriva de la frase latina In varietate concordia. Por su parte, el Consejo de la UE y el Consejo Europeo comparten el sitio web oficial Consilium, y la base de datos jurídica de la UE, EUR-Lex, lleva el nombre de lex, que en latín significa «ley».

Incluso antes de que se hablara hoy en día de EU Inc. —una estructura empresarial propuesta a escala de la UE—, la unión ya tenía su propia forma jurídica con nombre latino: Societas Europaea, o SE.

La objeción obvia es que el latín es elitista. Para muchos europeos, sigue evocando imágenes de clérigos, polvorientos libros de gramática y un mundo en el que la lengua funcionaba como herramienta de exclusión.

El latín no es intrínsecamente elitista

Pierre Gorsky-Mieze, responsable de latín en Via Nova, rechaza este argumento e insiste en que el latín no es intrínsecamente elitista. El problema, afirma, radica en la forma en que se ha enseñado tradicionalmente. El método tradicional, en el que solo se traducen textos antiguos, convierte el latín en un obstáculo. Muchos abandonan en algún punto entre el ablativo absoluto y la desesperación existencial.

El latín hablado tampoco está tan muerto como su reputación. Las comunidades en línea en Discord, los canales de YouTube que ofrecen latín hablado para principiantes y los sitios web brindan a los estudiantes una forma de utilizar el latín en la conversación. Oxford Latinitas, de la que Gorsky-Mieze es miembro, imparte cursos de latín vivo o hablado.

Luego viene la crítica al vocabulario. El latín tiene «una proporción minúscula del vocabulario que se necesitaría» para hablarlo hoy en día, afirma Jenkins.  Sin embargo, Gorsky-Mieze, que habla latín con fluidez, no está de acuerdo: el latín ya sustenta gran parte del vocabulario europeo y puede crear fácilmente nuevas palabras cuando es necesario.

Cuando se le pide que traduzca algunas expresiones favoritas de Bruselas, Gorsky-Mieze afirma que el latín ofrece opciones tanto clásicas como modernas: «autonomía estratégica» podría ser liberum imperium ostrategica autonomia; «competitividad» podría convertirse en lucri potestas o competitivitas.

Puede que el latín sea o no la próxima lengua oficial de la UE. Pero la propuesta plantea una cuestión más profunda: ¿puede una unión política perdurar solo gracias a la eficiencia, o necesita también una memoria compartida?

(Editado por bw, jp, cs/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)