Las sanciones de la UE contra Rusia se están quedando sin objetivos fáciles

Aumenta la preocupación por que las negociaciones sobre las sanciones prioricen los intereses nacionales

Euractiv
SANCTIONS
Vladimir Putin. [Foto: Getty Images | Ilustración: Miriam Sáenz de Tejada]

Las sanciones de la UE contra Rusia se están entremezclando cada vez más con los intereses nacionales, ya que las capitales aprovechan las negociaciones sobre la lista negra del Kremlin para obtener concesiones en cuestiones que no guardan relación alguna.

Esta semana, las capitales han llegado a un acuerdo para ampliar el plazo de renovación de las sanciones contra personas cercanas al Kremlin, a cambio de retirar a los oligarcas Alisher Usmanov y Mikhail Fridman de la lista negra de la Unión. 

Esta iniciativa —liderada por Francia, secundada por Eslovaquia y Luxemburgo y a la que Letonia se opuso firmemente— ha preocupado a algunos diplomáticos de la UE, ya que las sanciones se están convirtiendo cada vez más en moneda de cambio para que las capitales persigan sus propios intereses en materia de política exterior.

La petición de Francia, por ejemplo, estaba vinculada a la liberación de dos ciudadanos franceses encarcelados en Azerbaiyán, uno de los cuales fue indultado apenas unas horas después de que se firmara el acuerdo.

Sin embargo, no es ni mucho menos la primera vez que ocurre esto. 

Desde 2022, las sanciones han pasado de centrarse en la seguridad energética a intereses más específicos de carácter económico, empresarial o de política exterior, según Philipp Lausberg, analista político sénior del European Policy Centre.

«Esto se está volviendo cada vez más habitual», afirmó, señalando que la tendencia se encamina hacia una «negociación mucho más detallada».

El último paquete de sanciones sentó las bases para la prohibición de visados a combatientes y excombatientes de las fuerzas armadas rusas, y afectó a la flota fantasma rusa con una prohibición más amplia de acceso a los puertos.

Un nuevo terreno

De producirse, el 22.º paquete supondría que Bruselas entrara en un nuevo terreno. Según Lausberg, ya se han recogido en gran medida los «frutos más al alcance de la mano», ya que el petróleo, el gas, las materias primas, los controles a la exportación y las sanciones financieras ya han sido abordados en paquetes anteriores.

Lo que queda son las empresas que prestan servicios a la flota fantasma, los actores financieros, las plataformas de intercambio de criptomonedas y las empresas de terceros países que ayudan a Rusia a eludir los controles de exportación. Pero estas operaciones también son mucho más difíciles de desarticular.

Aunque la UE ya ha introducido medidas para hacer frente a la elusión, una reciente investigación del FT sobre el grupo A7 —que canalizó unos 6.900 millones de dólares a Rusia, a pesar de las sanciones— nos recuerda que «todavía no funcionan demasiado bien», afirma Lausberg.

Para Alexander Kolyandr, director para Europa de Eurasia Group, las restricciones tecnológicas y las prohibiciones de exportación siguen siendo algunas de las herramientas más importantes de las que se dispone.

Aprovechar la influencia de los bancos chinos sería un paso más importante, afirma Lausberg, pero tomar medidas contra ellos podría generar tensiones con Pekín en un momento en el que la UE está buscando ampliar sus relaciones comerciales con China. 

Al quedar menos objetivos evidentes, el enfoque está pasando de acumular nuevas sanciones a garantizar que las ya existentes surtan efecto.

En su discurso sobre el Estado de la Unión Europea (SOTEU), la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, argumentó que no son necesarias nuevas sanciones para ejercer más presión sobre Rusia. El bloque debería, más bien, aplicar con mayor eficacia las que ya están en vigor, afirmó.

Ambos expertos se mostraron de acuerdo en líneas generales. El problema es que las formas de eludir las sanciones no dejan de evolucionar. «Es un poco como el juego de “golpea al topo”», afirma Lausberg. 

Kolyandr también señaló que algunas medidas corren el riesgo de empujar a las personas, el capital y los conocimientos especializados afectados de vuelta hacia Rusia, en lugar de aislarlos del Kremlin. Citó a Mijaíl Fridman, el magnate ruso-israelí nacido en Ucrania, propietario de un conglomerado multinacional ruso.

Paquetes más reducidos

Un embajador de la UE también ha propuesto seguir adelante con paquetes de sanciones más reducidos, argumentando que esto facilitaría las negociaciones.

Lausberg reconoce el razonamiento, que podría reducir el regateo entre sectores no relacionados. Sin embargo, advirtió que «si hay más paquetes, pueden surgir más puntos de veto». Teniendo esto en cuenta, es posible que un eventual 22.º paquete de sanciones se centre más en lo que los países obtienen de él que en lo que incluye.

Hasta ahora, se prevé que en octubre se añadan a la lista de sanciones unas 1.600 personas y entidades adicionales.  

(Editado por mm, ow/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)