La nueva doctrina europea de seguridad económica: Es hora de actuar, no de ambigüedades

Si Europa no aborda la seguridad económica con unidad y urgencia, se quedará rezagada a medida que cambien las reglas del juego.

Duisburg Ruhrort inland port
A container is loaded onto a barge by a crane in the inland port of Duisburg Ruhrort.

Ante la perspectiva de una presidencia proteccionista de Trump, la UE debe acelerar una doctrina de seguridad económica clara y coherente, escriben Eliza Lockhart y Tom Keatinge.

Eliza Lockhart es investigadora y Tom Keatinge es director del Centro de Finanzas y Seguridad del Royal United Services Institute (RUSI).

Con la escalada de las turbulencias geopolíticas y el endurecimiento de las cadenas de suministro mundiales, se intensifican las amenazas a la prosperidad y la soberanía de la UE.

Estas vulnerabilidades se ven amplificadas por los conflictos actuales en Ucrania y Oriente Medio, la creciente militarización del comercio y la tecnología, y la creciente agresividad económica de China.

Donald Trump volverá a la Casa Blanca en enero de 2025 con una plataforma de aranceles radicales que, si se promulgan, desharán décadas de cooperación transatlántica.

Estas presiones plantean a la UE una cuestión existencial: ¿cómo puede salvaguardar su seguridad económica sin dejar de estar abierta al mundo? Maroš Šefčovič, recientemente confirmado Comisario de Comercio y Seguridad Económica, será el encargado de abordar este acuciante reto.

Encargado de la ambiciosa misión de crear «una nueva doctrina de seguridad económica», tendrá que decidir cómo y cuándo pueden desplegarse estratégicamente en la UE los instrumentos de seguridad económica.

Un balance desigual

Aunque la primera Estrategia Europea de Seguridad Económica de la Comisión Europea sentó las bases el año pasado, aún queda mucho por hacer.

En enero, la Comisión Europea desarrolló esta estrategia introduciendo cinco iniciativas, entre las que se incluyen la mejora del control de las inversiones extranjeras, la mejora de la supervisión de los productos de doble uso, la evaluación del riesgo de las inversiones salientes en tecnologías sensibles y el aumento de la protección de las actividades de investigación.

A pesar de estos avances, el progreso ha sido poco sistemático.

Los Estados miembros de la UE, cada uno con prioridades económicas y umbrales de riesgo distintos, han tardado en alinear sus políticas, creando lagunas que socavan la seguridad colectiva.

Además, estas medidas siguen siendo principalmente reactivas, ya que abordan las crisis actuales y las tensiones comerciales en lugar de fortificar de forma proactiva las defensas económicas de Europa frente a futuras amenazas.

Identificar los principales obstáculos

En este contexto, RUSI Europe ha creado recientemente un Grupo de Trabajo Europeo sobre Seguridad Económica que reúne a más de 40 responsables políticos, expertos en seguridad y especialistas en geoeconomía de los Estados miembros de la UE, la Comisión Europea y la OTAN, así como a representantes diplomáticos de Australia, Japón y el Reino Unido.

En ella se examinaron los importantes retos que impiden a los países con ideas afines trabajar juntos en pos de unos objetivos de seguridad económica coordinados y constructivos.

Una de las principales preocupaciones de todos fue la ambigüedad de la definición del concepto de seguridad económica, que ha dado lugar a esfuerzos inconexos para abordar los riesgos relevantes dentro de los Estados miembros y en toda la UE.

Además, la falta de claridad sobre lo que se entiende por seguridad económica y lo que no se entiende ha creado compartimentos estancos entre las comunidades del comercio y la seguridad, y la falta de plataformas y competencias ha agravado esta fragmentación para apoyar un enfoque intersectorial y paneuropeo de la seguridad económica.

La falta de plataformas y competencias ha agravado esta fragmentación para apoyar un enfoque intersectorial y paneuropeo de la seguridad económica.

Otro punto débil se deriva de la lucha de la UE por fomentar asociaciones productivas entre el sector público y el privado, esenciales para una estrategia de seguridad económica eficaz.

El ejemplo de la resistencia de Australia a las medidas comerciales punitivas de China demuestra las ventajas de una estrecha colaboración entre el gobierno y la industria, un enfoque que falta en gran medida en la UE y del que el bloque podría beneficiarse.

En el caso australiano ha sido fundamental un «bucle de retroalimentación» activo entre la industria y el gobierno para apoyar la integración por parte del sector privado de las estrategias de seguridad en su gestión económica.

En cambio, la estrategia de la UE no esboza cómo debe funcionar la colaboración del sector privado en sus pilares de «promover», «proteger» y «asociarse».

El sector privado sigue sin tener muy claro cuál es su papel dentro de las prioridades de seguridad económica de Europa, y las empresas a menudo perciben las normativas incoherentes de la UE como una amenaza mayor que los adversarios externos.

La UE tiene trabajo por hacer si quiere definir objetivos comunes, romper los compartimentos estancos entre las comunidades de la seguridad y el comercio y entablar una comunicación clara y coordinada con el sector privado.

Si no aborda urgentemente estas deficiencias, la UE tendrá dificultades para mantenerse por delante de las cambiantes amenazas a la seguridad económica.

Oportunidad histórica

Bajo una segunda presidencia de Trump, Europa se enfrenta a la perspectiva de severas medidas proteccionistas y podría estar en desventaja cuando estallen las guerras comerciales entre Estados Unidos y China.

La UE se enorgullece con razón de su posición como mayor bloque comercial del mundo, de su papel como mayor comerciante mundial de bienes manufacturados y servicios, y de su primer puesto en inversiones internacionales tanto entrantes como salientes.

Sin embargo, esta apertura al comercio presenta una vulnerabilidad en un mundo cada vez más impulsado por la fragmentación económica, el aislacionismo y la coerción.

Si Europa no aborda la seguridad económica con unidad y urgencia, se quedará rezagada a medida que cambien las reglas del juego.

Una nueva doctrina europea de seguridad económica representa una oportunidad histórica para que la UE reafirme su papel de líder económico mundial.

La doctrina podría aportar la claridad y la orientación práctica que tanto se necesitan unificando el actual mosaico de políticas, institucionalizando plataformas para cartografiar los riesgos futuros, creando asociaciones productivas entre la industria, la seguridad y el mundo académico, y proporcionando un marco claro para desplegar las herramientas económicas.

Si fracasa, las consecuencias irán más allá de las pérdidas económicas, provocando un aumento de las vulnerabilidades en materia de seguridad, una disminución de la influencia mundial y una erosión de los valores democráticos fundamentales de la UE. La Comisión Europea debe posicionarse como un actor unificado y proactivo, preparado para aprovechar estratégicamente su poder económico para lograr resultados en materia de seguridad.

Ha llegado el momento de actuar de forma coherente, colectiva y decisiva en materia de seguridad económica. Europa tiene la oportunidad de liderar, y no puede permitirse vacilar.