Macron se tiene que marchar
Pocas veces un presidente francés se ha enfrentado a tanto rechazo
Los presidentes franceses tienen un truco clásico cuando pierden apoyo popular: desaparecer de la política nacional para centrarse en asuntos internacionales mientras las aguas vuelven a su cauce.
Pero en el caso de Emmanuel Macron, el tiro le está saliendo por la culata.
Pocas veces ha tenido la agenda tan apretada. Los últimos días han sido un sprint económico y diplomático para un presidente decidido a coronar a Francia como líder de la Inteligencia Artificial (IA) europea, y a situarse él mismo en el centro de todo.
Entre el sábado y el martes, Macron mantuvo decenas de reuniones, almuerzos de trabajo y recepciones privadas con líderes mundiales, laureados, inversores y magnates de la tecnología.
El beso francés en las dos mejillas, las sonrisas y los apretones de manos, por prepotentes que fueran, no podían ocultar lo evidente: los franceses ya no soportan a Macron.
Una nueva encuesta revela que el 67% de los ciudadanos tiene una opinión negativa de Macron, un 7% más que en la misma fecha del año pasado. Un 30% le da una nota global de cero sobre 10. Solo el 1% está «muy satisfecho»
Más de la mitad le culpan de la situación política actual y no le perdonan su polémica decisión de convocar elecciones anticipadas el verano pasado.
Peor aún, Francia es el país europeo con menor confianza en su clase política, superando incluso a la Italia de la primera ministra, Giorgia Meloni (Fratelli d’Italia/ECR).
Hay muchas razones para ello.
A nivel nacional, es un desastre. El Gobierno que el presidente se ha apresurado a formar en diciembre -el cuarto en 2024- ha conseguido aprobar por los pelos un presupuesto que sólo mejorará ligeramente el déficit público, que ahora se hunde hasta el 6% del PIB.
La Asamblea Nacional está estancada en un punto muerto ideológico sobre el tema de la inmigración, y la ausencia de una mayoría echa por tierra las esperanzas de que se aprueben pronto reformas de calado.
¿Y la economía? Se desploma. París está al borde de la recesión. El Banco Central francés estima que el crecimiento alcanzará el 0,9% en 2025.
El desempleo se mantiene estable en el 7,3%, pero aumenta el paro juvenil. Los cierres de fábricas y los despidos dominaron los titulares en el último tramo de 2024.
Si Macron hubiese dado realmente un paso atrás, la ira popular se habría centrado en el Primer Ministro, François Bayrou. Así es como se supone que funciona este truco.
En lugar de eso, se ha involucrado en la renovación del museo del Louvre (su nuevo Notre Dame) y está saturando el espacio mediático sobre asuntos internacionales, desde la Cumbre de la IA hasta la respuesta de la UE a los aranceles trumpianos.
Y verle esta semana codearse con multimillonarios de la tecnología, por muy importante que sea la diplomacia tecnológica, no parece la mejor apuesta.
Sí, los 109.000 millones de euros prometidos en inversiones en inteligencia artificial en Francia son enormes. Pero aún no es algo tangible. El Elíseo no sabe en cuántos puestos de trabajo se traducirá ni cuándo.
Pocas veces un presidente se ha enfrentado a tantas reacciones negativas, incluso cuando deja la escena nacional en manos de otros.
Tal vez, por una vez, haya llegado el momento de dejarse llevar.
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[Editado por Martina Monti/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es]