Trump y China: un dilema para la UE
Otro asunto que afecta a las relaciones UE-China son los lazos políticos y económicos cada vez más estrechos de China con Rusia.
Bruselas (Euractiv.com/.es) – Las relaciones entre China y la UE están empeorando, y podrían deteriorarse aún a mayor velocidad cuando Donald Trump regrese a la Casa Blanca el próximo lunes.
La promesa del autoproclamado «hombre de los aranceles» de imponer fuertes trabas a todas las importaciones estadounidenses puede haber llevado a Bruselas y Pekín a suavizar sus lazos comerciales para limitar el posible impacto en sus industrias, muy orientadas a la exportación.
Pero las fricciones entre la UE y su segundo socio comercial más importante no parecen disminuir, en medio de la persistente preocupación europea por las subvenciones estatales chinas a las exportaciones, y los reforzados nexos económicos y políticos de Pekín con Rusia.
En un momento en que Europa se enfrenta a varios y graves retos económicos y fiscales -la crisis de la industria alemana y el déficit galopante de Francia, entre otros-, un deterioro de las relaciones comerciales con China es lo último que necesita el Viejo Continente.
A pesar de que ayer martes (14 de enero) por la tarde se anunció la celebración de una cumbre UE-China para finales de este año, la semana pasada quedaron patentes las crecientes tensiones comerciales entre ambas partes.
Este martes, la Comisión Europea acusó a Pekín de «discriminar sistemáticamente» a los fabricantes de productos sanitarios de la UE en las licitaciones públicas y advirtió de que podría tomar medidas de represalia, prohibiendo la entrada de empresas chinas a su mercado de contratación pública.
La acusación se produjo tras la decisión del Ejecutivo comunitario la semana pasada de imponer aranceles antidumping «definitivos» (es decir, de cinco años) a los equipos chinos de acceso móvil, fundamentales para la instalación de infraestructuras eléctricas y de telecomunicaciones, así como al dióxido de titanio, ingrediente clave de artículos de uso doméstico como pinturas y plásticos.
Los aranceles se impusieron el mismo día en que el Ministerio de Comercio chino condenó la «aplicación selectiva» del Reglamento de la UE sobre subvenciones extranjeras (FSR): una legislación que Bruselas ha esgrimido en repetidas ocasiones para poner en marcha investigaciones sobre empresas chinas respaldadas por el Estado a lo largo del año pasado.
El nuevo choque se produce tras la polémica imposición en 2024 de gravámenes a los vehículos eléctricos chinos por parte del ejecutivo de la UE, medida que provocó la ira de Pekín, al tomar medidas de represalia a las exportaciones de brandy de la UE.
«Sin duda, las relaciones entre la UE y China están empeorando», asegura Tobias Gehrke, analista político del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. «Y creo que ambas partes lo reconocen», añade.
Problemas de consumo
Los analistas señalan dos fuentes principales para el nuevo «round» entre la UE y China.
La primera es la persistente incapacidad de Pekín para resolver los problemas derivados de su modelo industrial orientado a la exportación, y subvencionado por el Estado.
Ello ha provocado una abundancia de oferta de productos chinos en todo el mundo que ha perjudicado de forma desproporcionada a la economía abierta europea, que se resiente de otras dolencias, entre ellas los altos precios de la energía, los elevados tipos de interés y la ralentización de la demanda.
De hecho, el problema parece ir a peor: los datos oficiales de aduanas publicados esta semana muestran que el superávit comercial mundial de China creció hasta casi un billón de dólares en 2024, con un aumento interanual de las exportaciones a la UE del 8,8%.
Por otro lado, los analistas advirtieron de que debido a la debilidad económica de China es poco probable que aborde su exceso de capacidad industrial de la forma más obvia: impulsando el consumo interno.
También señalaron la oposición ideológica del líder chino, Xi Jinping, al «asistencialismo»al estilo europeo, así como los elevados niveles de deuda y la baja renta per cápita, como principales obstáculos para un estímulo fiscal sostenido.
«No es tan fácil [impulsar la demanda interna]», asegura Alicia García-Herrero, investigadora principal del think tank Bruegel. «Necesitarían cambiar radicalmente su modelo económico», agrega.
Relaciones con Rusia
La segunda cuestión clave que afecta a la relación UE-China son las relaciones políticas y económicas cada vez más estrechas de China con Rusia, con una guerra en Ucrania enquistada, que entrará en febrero próximo en su tercer año, según añadieron ambos analistas.
Desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, el comercio entre China y Rusia ha pasado de 147.000 millones de dólares en 2021 a 244.800 millones en 2024, según datos oficiales de las aduanas chinas publicados a principios de esta semana.
García-Herrero asegura que los responsables políticos de la UE serían «estúpidos» si creyeran que los robustecidos lazos entre Moscú y Pekín cambiarán en los próximos años, aunque admitió que es poco probable que la mayoría de líderes de la UE sigan creyendo que se trata de una posibilidad real.
«Llevamos demasiado tiempo esperando a Godot, y China no ha venido», afirmó.
Gehrke se hizo eco de sus comentarios y advirtió de que Trump podría obligar a Europa a adoptar la línea más dura de Washington respecto a Pekín para evitar aranceles a las exportaciones de la UE y permanecer bajo el paraguas de seguridad estadounidense.
El Republicano ha acusado repetidamente a China de «robar» empleos y propiedad intelectual estadounidenses, y ha condenado a los países de la UE por no gastar más en su propia defensa.
«Creo que Europa está tan expuesta a la amenaza militar de Rusia que los europeos van a ceder ante Trump», dijo Gehrke. «No hay alternativa al paraguas de seguridad estadounidense en este momento, por lo que las cuestiones comerciales pasan a un segundo plano», añadió.
¿Un abandono del orden liderado por la OMC?
Los analistas coincidieron en que es probable que Europa imponga medidas comerciales defensivas adicionales contra Pekín en los próximos años, especialmente si Trump cumple su promesa de imponer aranceles del 60% a los productos chinos, lo que podría llevar a que miles de millones de dólares de exportaciones se redirijan y se viertan en los mercados de la UE.
Sin embargo, García-Herrero cree que es poco probable que estas medidas defensivas de la UE provoquen represalias significativas por parte de Pekín.
«[China se enfrenta] a un entorno internacional muy, muy duro, incluso en algunas economías emergentes«, afirma. «Necesitan exportar a Europa», agrega.
En su opinión un posible beneficio de la presidencia de Trump podría ser que Bruselas redujera su compromiso con el orden comercial fijado por la Organización Mundial del Comercio, abandonado desde hace tiempo por Pekín y Washington.
«El lado positivo (…) es que Europa, gracias a Trump, podría salir de esta camisa de fuerza de la OMC», asegura. «No es que no me guste la OMC, [pero] no me gusta el hecho de que seamos los únicos en esta camisa de fuerza», subraya la experta.
Otros analistas, sin embargo, se mostraron algo más escépticos sobre la posibilidad de que Europa abandone su compromiso con el comercio basado en normas.