Los rompehielos rusos son una cuestión de vida o muerte para una localidad danesa

Las sanciones de Bruselas contra Moscú se dejan sentir con toda su crudeza en la vida de una pequeña comunidad danesa. Un astillero compite contra el reloj para dar servicio a los petroleros que transportan combustibles fósiles rusos.

Euractiv
[Foto: Getty Images / Graphic by Miriam Sáenz de Tejada]

Munkebo, DINAMARCA – El régimen de sanciones de Europa contra Rusia se enfrenta en Dinamarca a un problema de tipo «NIMBY» («Not in My Backyard», «No en mi patio trasero»).

Aunque los Gobiernos apoyan las medidas para asfixiar la economía de guerra de Moscú, se resisten cuando los costes recaen sobre las industrias nacionales. 

Grecia paralizó a toda la Unión Europea en julio, cuando Atenas intentó conseguir excepciones para su sector naviero en el último paquete de sanciones del bloque contra Rusia. Ahora, en una pequeña localidad costera danesa, el «NIMBY» de las sanciones europeas ha adquirido un carácter claramente local, con un astillero que compite contra reloj para dar servicio a los petroleros que transportan combustibles fósiles rusos antes de que entre en vigor la prohibición a finales de año. 

A dos horas en tren de Copenhague, en la isla de Fionia, se encuentra Munkebo. Lo que solía ser un tranquilo pueblo rural se expandió enormemente cuando, en 1957, el gigante naviero Mærsk —fundado en 1904 por Arnold Peter Møller— decidió construir el enorme astillero de Lindø justo al norte de la localidad, junto con más de 900 nuevas viviendas para los trabajadores. 

La población del pueblo se disparó cuando se instalaron allí miles de trabajadores siderúrgicos. Uno de ellos fue Hans Rye, que ahora tiene 75 años. Se mudó a Munkebo en 1975 y durante una década trabajó en el astillero que forjó el dominio marítimo de Dinamarca. 

«El viejo AP Møller construyó tanto un lugar de trabajo como una ciudad», afirmó Rye. «La gente vivía aquí, hacía la compra aquí y se subía a la bicicleta para ir a Lindø», explicó. «Hoy en día ya no es así». 

Con dificultades para competir con sus rivales extranjeros, Maersk cerró el astillero en 2012. 

El nuevo en el muelle

Desde entonces, Fayard —especializada en mantenimiento y reparación, más que en la construcción naval— se instaló allí, se hizo cargo de los enormes diques secos y convirtió el antiguo astillero en una historia de éxito. 

Lo consiguió —al menos en parte— prestando servicio a buques que transportan combustibles fósiles rusos. 

Cuando Euractiv visitó Munkebo, el buque especializado en el Ártico Yuriy Kuchiev se encontraba atracado en Fayard para su mantenimiento. Desde entonces, ha llegado otro buque, el Boris Davydov. Ambos están registrados en Chipre y son propiedad del oligarca griego George Prokopiou, crítico de las sanciones de la UE. 

Los buques forman parte de la flota Arc7 de rompehielos utilizados para transportar las exportaciones energéticas rusas desde la terminal de Yamal, en el remoto Ártico siberiano, hasta los puertos europeos. Los importadores europeos acapararon el 97 % de los envíos procedentes de ese centro de distribución durante el primer semestre de este año, con un coste de unos 6.000 millones de euros. 

Dado que estos trabajos de mantenimiento estarán sujetos a sanciones a partir del año que viene, Fayard y los operadores de la flota solo disponen de cuatro meses para trabajar en más buques una vez que el Boris Davydovzarpe. 

Mantenimiento y asistencia a los buques cisterna

Como parte del vigésimo paquete de sanciones aprobado en abril, la UE decidió prohibir el mantenimiento y la asistencia a los buques cisterna que transporten exportaciones de gas ruso.

Sin embargo, las restricciones no entrarán en vigor hasta el 1 de enero de 2027. Hasta entonces, el astillero sigue teniendo libertad legal para realizar el mantenimiento de los buques, a pesar de la fuerte presión de los legisladores europeos para que deje de hacerlo antes.

En una carta del mes pasado, Villy Søvndal, eurodiputado danés y exministro de Asuntos Exteriores, argumentó que Fayard tenía el deber moral de dejar de ayudar a Rusia a mantener en funcionamiento su flota de buques metaneros. Otros astilleros europeos ya han tomado medidas para distanciarse de este negocio.

«Eso es lo que significa actuar con moralidad en este mundo: a veces hay que tomar una decisión así», declaró Søvndal a Euractiv.

El astillero Damen, de propiedad neerlandesa, con sede en Brest (Francia), se negó voluntariamente a prestar servicio a los buques Arc7 en respuesta a las directrices del Ministerio de Asuntos Exteriores de los Países Bajos. Sin embargo, se ha descubierto que, desde entonces, la empresa ha seguido prestando servicio a buques vinculados a la cadena de suministro de gas natural licuado de Yamal. 

Un éxito excepcional

El apoyo a Ucrania está muy arraigado en este pequeño país escandinavo, donde más del 90 % de los daneses respalda la ayuda financiera a Ucrania y las sanciones contra el Kremlin y las empresas rusas; además, Dinamarca es el mayor contribuyente a Ucrania en relación con su PIB, según cifras del Instituto de Kiel.

Aun así, los vecinos de Munkebo sienten gran simpatía por Fayard, uno de los pocos casos de éxito económico de la zona. «Creo que, en el fondo, se trata o bien de una cuestión de la UE que hay que abordar, o bien de una cuestión nacional», afirmó Michael Nielsen, alcalde de Munkebo y de otras dos localidades de la zona. «Desde luego, no es una tarea municipal».

Hans Andersen es propietario y gestiona un hotel en la vecina Kerteminde. En el aparcamiento ondean tres banderas: las de la UE, Dinamarca y Ucrania.  «Dinamarca nos apoya, pero Europa no está haciendo lo suficiente», señaló Andersen. «La culpa no la tiene ningún astillero de Munkebo», añadió. «Eso es echarle la culpa a otros». 

Desde que Mærsk cerró sus puertas, varias empresas se han instalado en el antiguo astillero, entre ellas el fabricante de aerogeneradores Vestas, CS Wind Offshore y Lindø Steel. Algunas han cerrado desde entonces o han reducido drásticamente su plantilla.

Buenos resultados

Fayard, sin embargo, está obteniendo buenos resultados. Entre 2021 y 2025, el flujo de caja de la empresa se duplicó con creces, pasando de 94 millones de coronas danesas (12,6 millones de euros) a 230 millones de coronas danesas (30,8 millones de euros), según datos públicos. 

No está claro hasta qué punto el éxito financiero de la empresa está vinculado al mantenimiento de los buques objeto de controversia.

Fayard se negó a revelar a Euractiv cuánto gana con el mantenimiento de los buques cisterna, cuántos ha atendido o si continuará haciéndolo hasta enero. La ONG alemana Urgewald, una organización dedicada a la transparencia financiera, situó el total en 18 desde 2022, sin contar el buque cisterna de gas licuado que Euractiv vio en Munkebo a principios de agosto.

Fayard rechazó una solicitud de entrevista. Sin embargo, en una declaración por escrito, la empresa comunicó a Euractiv que «Fayard no hace negocios con Rusia; es la UE quien los hace, como compradora de GNL ruso».

Mantenimiento para garantizar la seguridad marítima

«En los últimos cuatro años, la UE ha optado por importar cantidades récord de GNL desde Yamal para satisfacer las necesidades energéticas de Europa, y para que ese gas llegue a Europa, los buques que lo transportan deben recibir mantenimiento para garantizar la seguridad marítima en aguas y puertos europeos», añadió la empresa.  

«Seguimos las claras directrices de la UE y, por lo tanto, nuestros servicios para los buques que transportan dicha carga cesarán a partir de 2026, al igual que la importación de GNL a Europa procedente de Yamal», concluyó la empresa.

Bjarne Staak Olesen, representante del personal de Fayard, afirmó que los trabajadores del muelle no se avergüenzan.  «Nos tomamos nuestro trabajo en serio y estamos orgullosos de lo que hacemos», afirmó. «Las críticas son legítimas, pero deberían dirigirse a quienes compran el gas y han decidido que debe enviarse a Europa. No a nosotros, que garantizamos la seguridad de los buques, las tripulaciones y nuestras aguas». 

Thomas Skriver Jensen, diputado del Partido Socialdemócrata de la líder danesa Mette Frederiksen y él mismo natural de Fionia, afirmó que el verdadero problema era la continua dependencia de Europa del gas ruso, más que el astillero que da servicio a los buques que lo transportan. 

«Prestan servicio a los buques que transportan gas ruso, que compra Europa. Eso, por supuesto, es el gran problema», afirmó Skriver Jensen, citando a otro socialdemócrata danés. 

«En mi partido, hemos encabezado los esfuerzos para cambiar esa situación», añadió. «El [comisario de Energía] Dan Jørgensen ha afirmado que debemos librarnos del gas ruso».

(Editado por bw, cs, rh, cm/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)