Ni verdes, ni liberales, ni rojos: el cambio en el poder en Budapest es todo menos un giro hacia la izquierda

La destitución de Viktor Orbán pone fin a un capítulo de veinte años en la turbulenta historia política de Hungría.

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Protestas antigubernamentales en 2006. [Foto: Alessandra Benedetti/Corbis via Getty Images]

Quizá nunca antes tantos políticos socialistas, liberales y ecologistas se hayan alegrado tanto de que un país europeo eligiera un parlamento compuesto exclusivamente por conservadores, populistas nacionalistas y fascistas.

Pero la Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz) del primer ministro húngaro Viktor Orbán, cuyo nombre resulta ahora anacrónico, ha perdido tras 16 años su mayoría indiscutible en el parlamento neogótico de Budapest, y eso ha sido recibido como una buena noticia en los círculos progresistas por tres razones.

Demuestra que el sistema electoral manipulado sigue funcionando. Orbán estuvo en el poder durante tanto tiempo porque la gente siguió votándolo. Sin duda, la manipulación de distritos electorales aumentó la mayoría de su partido; ahora le ha salido el tiro por la culata.

Significa la destitución de un hombre que ha ejercido el veto de Hungría con tanta frecuencia en el Consejo Europeo —repetidamente contra las sanciones a Rusia y, más recientemente, para bloquear un préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania— que se ha planteado abiertamente, algo que antes era tabú, introducir la votación por mayoría cualificada.

También significa que un partido que se profesa proeuropeo y que promete un compromiso constructivo con Bruselas cuenta con la misma mayoría constitucional —dos tercios de la cámara— que permitió a Orbán consolidar su control del poder en primer lugar.

Naturalmente, el conservador Partido Popular Europeo (PPE) estaba eufórico. Su candidato, Péter Magyar, ganó, y ganó a lo grande.

La gran pregunta

Queda por ver si el recién elegido partido Tisza volverá a votar con el grupo del PPE tras una legislatura en la que su desobediencia a la disciplina de partido fue más o menos tolerada únicamente para que al Fidesz le resultara más difícil acusar a Magyar de ser una «marioneta» de Bruselas.

Aun así, Iratxe García Pérez, líder de los Socialistas y Demócratas, tuiteó sobre una victoria electoral «histórica».
«Elegir la esperanza por encima del odio y las mentiras, dar un claro “SÍ” a Europa, a la libertad y a los valores democráticos», escribió.

Valérie Hayer, del grupo liberal Renew, afirmó que los votantes húngaros habían «elegido la esperanza y un nuevo comienzo político» al expulsar a Orbán. «Con su extraordinaria participación, que ha batido todos los récords, han demostrado lo vibrante y sólida que puede ser una democracia», dijo Hayer.

Para no quedarse atrás, Terry Reintke, copresidenta de Los Verdes/ALE, habló de un «punto de inflexión para Europa» —en su caso, directamente desde las calles de la capital húngara—. «Los tiempos del retroceso autocrático deben haber terminado», afirmó. «Miramos hacia un futuro más brillante y unido».

La alegría de Manon Aubry, de La Izquierda, no fue tan incondicional. Habló de «alivio» ante la caída política de un aliado clave de la extrema derecha francesa. «Pero seamos claros: Péter Magyar no supone una ruptura total con la era Orbán», publicó Aubry en las redes sociales. «Más consciente —¡esperamos!— del respeto al Estado de derecho, liderará una política firmemente anclada en la derecha».

El fin de una era

Ninguno de ellos mencionó al Movimiento Nuestra Patria, una formación de extrema derecha liderada por el veterano activista antigitano y, últimamente, antimusulmán László Toroczkai. El partido se hizo con seis de los 199 escaños del Parlamento; algunos temían que acabara teniendo el poder de decisión en estas elecciones.

En Hungría, la Coalición Democrática (DK), de centroizquierda, quedó fuera del Parlamento tras no superar ni de lejos el umbral del 5 %, cerrando así, sin quererlo, un capítulo de 20 años en la historia política húngara.

La eurodiputada Klára Dobrev, líder del partido hasta que dimitió tras apenas alcanzar el 1 % de los votos nacionales, celebró el fin del «régimen de Orbán» —conocido oficialmente como el «Sistema de Cooperación Nacional» (NER)—, cuyo lema oficial, «Que haya paz, libertad y concordia», debe figurar por ley en todas las oficinas de la administración pública desde 2010.

De hecho, los orígenes del férreo control de Orbán sobre el poder en Hungría se remontan cuatro años más atrás, hasta 2006.

En aquel momento, una grabación filtrada del líder del recién reelegido Partido Socialista Húngaro (que ni siquiera se molestó en presentarse a las elecciones de este año) reveló que había intentado intimidar a los diputados de a pie para que reconocieran que habían «jodido» el «puto país» —«llevado a la quiebra» habría sido una forma más educada de decirlo— y que habían mentido para asegurarse la reelección.

Ese hombre era el marido de Dobrev, Ferenc Gyurcsány (anunciaron su separación el año pasado), quien se negó a dimitir como primer ministro hasta que la crisis financiera finalmente lo echó del poder en 2009.

Protestas violentas

El mandato de Gyurcsány estuvo marcado por repetidas protestas violentas: un joven Toroczkai participó en el infame asedio a la sede de la televisión estatal, que acabó saqueada y en llamas poco después de que se emitiera el discurso secreto por la radio. También hubo intimidantes demostraciones de fuerza por parte de paramilitares nacionalistas y medidas de austeridad aplastantes.

La ira pública creció hasta tal punto que llevó al poder a Orbán —quien había disfrutado de tiempo suficiente para consolidar su férreo control sobre la maquinaria del partido Fidesz— hace dieciséis años, gracias en parte a un sentimiento generalizado de que «cualquier cosa es mejor que esto».

Casi una generación después, ese mismo sentimiento acabó finalmente con Orbán el domingo.

Robert Hodgson es editor de energía y medio ambiente de Euractiv; durante unos años y hasta 2012, fue reportero político y corresponsal en Budapest.

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(Editado por bw, cm/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)