Un estudio revela que a los europeos les cuesta imaginar un futuro «creíble»
Imaginar en qué podría convertirse Europa resulta difícil. En seis países europeos, el 68 % de los encuestados se refirió a Europa con una «sensación de deterioro y pérdida de normalidad».
La crisis de Europa no radica en que la gente haya dejado de creer en Europa, sino en que ya no puede imaginar un futuro creíble.
Un nuevo informe publicado este miércoles por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y la Fundación Cultural Europea ha denominado a este fenómeno la «brecha de imaginación». Se describe como la distancia que existe entre quienes desean una Europa más fuerte y más unida y la incapacidad de imaginar, con cierta confianza, cómo podría materializarse alguna vez esa Europa.
«La integración europea nos pide que creamos no solo en lo que es la UE, sino también en lo que podría llegar a ser», señala el estudio.
Imaginar en qué podría convertirse Europa está resultando más difícil. En seis países europeos, el 68 % de los encuestados se refirió a Europa con una «sensación de deterioro y pérdida de normalidad».
Los polacos se encontraban entre los más optimistas: el 21 % consideraba que las crisis de los últimos años habían puesto de manifiesto debilidades que ahora, al menos, pueden subsanarse.
Por el contrario, solo el 5 % de los franceses describió la Europa actual en términos de «despertar». No obstante, solo el 13 % de los encuestados cree que la solución consiste simplemente en reducir su alcance.
Los indecisos
Europa, admite el estudio, no es en lo que piensa la mayoría de la gente al despertarse. Está el alquiler, el tren que llega tarde, el precio de la compra… Pocas personas se levantan de un salto de la cama preguntándose si la UE ha resuelto por fin la eterna cuestión de la votación por mayoría cualificada.
Y, sin embargo, el futuro de la UE importa a los europeos. El estudio, elaborado por los dos centros de estudios proeuropeos, identifica un grupo denominado «los indecisos», que representa aproximadamente un tercio de la población de toda Europa.
Este grupo, según los investigadores, desea una Europa más unida e integrada, pero tiene menos confianza en que eso vaya a suceder. Cree que «el futuro de la UE dependerá de unas decisiones que los líderes aún no han tomado».
A raíz de esa conclusión, el estudio también señala que, cuanto más se convierte el futuro de Europa en un debate público, más se transforma en un «campo de batalla electoral» en el que los partidos pueden definir lo que se ha perdido y lo que hay que temer.
La política nostálgica
Este es un terreno en el que la extrema derecha sabe moverse, teniendo en cuenta los resultados de las elecciones del domingo en el este de Alemania, donde la AfD logró una victoria histórica. «La política nostálgica se aprovecha precisamente de este instinto», afirma el estudio. «Ofrece familiaridad en lugar de posibilidades, presentando versiones del pasado como respuestas para el futuro».
No obstante, la memoria no tiene por qué suponer un retroceso respecto al ideal europeo. Esa podría ser la lección más útil para los líderes proeuropeos, según la investigación. Los buenos recuerdos importan porque tienen «grandes posibilidades de destacar y ser recordados».
«La forma más eficaz de contrarrestar la percepción de debilidad europea es demostrar la fortaleza europea», señala el estudio.
«La falta de imaginación de Europa no puede eliminarse mediante la verificación de datos ni subsanarse únicamente con la ayuda de personas influyentes».
El informe se publica apenas una semana antes del discurso anual sobre el Estado de la Unión de Ursula von der Leyen, en el que se pedirá una vez más a la presidenta de la Comisión Europea que explique a los europeos hacia dónde se dirige la UE.
(Editado por bw, cs/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)