La reducción del número de colmenas en las azoteas, una ayuda para las abejas y otros polinizadores

En Bruselas, los apicultores buscan un equilibrio entre sus colonias y los polinizadores autóctonos. Las colmenas deberían colocarse allí donde resulte más conveniente y donde haya suficientes flores.

Euractiv
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Una colmena en el colmenar de Anjou. [Foto: Sofia Sanchez Manzanaro]

En una cálida mañana, en los terrenos de una finca privada situada en uno de los municipios más verdes de Bruselas, una docena de aspirantes a apicultores, ataviados con trajes protectores blancos, se reúnen alrededor de hileras de colmenas de madera.

El escenario es la granja Anjou, en Woluwe-Saint-Pierre, donde cada dos domingos unos 60 alumnos asisten a un curso de dos años impartido por la Real Sociedad de Apicultura de Bruselas, conocida por sus siglas en francés, SRABE.

Los voluntarios que imparten el curso combinan las clases teóricas con el trabajo práctico en el colmenar. No pretenden formar a la próxima generación de apicultores comerciales, sino capacitar a apicultores urbanos responsables.

Los alumnos proceden de Bruselas y sus alrededores y de todos los ámbitos de la vida: artistas, banqueros, secretarios y jubilados. Están a punto de recolectar miel por primera y última vez este año.

Para Laureen y su marido Simon, su interés comenzó con un regalo de boda que consistía en pasar un día acompañando a un apicultor. «Cuando los ves trabajar, te sientes en otro mundo», explicó Laureen a Euractiv. «Es como si el tiempo se detuviera. Tienen su propia pequeña ciudad, y el simple hecho de observarlas resulta fascinante».

Sandrine, una artista y alfarera que vive en las afueras de Bruselas, ya ha instalado dos colmenas en su jardín tras un año de formación en Anjou. «Pronto cosecharé mi propia miel de verano», afirmó.

Una alumna en el colmenar de Anjou. (Foto: Sofía Sánchez Manzanaro)

La preocupación de los científicos por la disminución de los polinizadores comenzó a crecer a finales de la década de 1980, extendiéndose poco a poco entre los habitantes de las ciudades.

Apicultura urbana

A partir de la década de 2010, las colmenas se convirtieron en un símbolo popular de la sostenibilidad en las ciudades europeas. Empresas, hoteles e instituciones públicas instalaron cada vez más colmenas en las azoteas para mostrar su compromiso medioambiental.

«Hace quince años, todo el mundo quería colmenas en la azotea de su empresa, repartir tarritos de miel entre el personal e incluirlo en su informe de sostenibilidad», afirmó Roland Jacobs, vicepresidente de SRABE y uno de los formadores del curso.

Pero las colmenas deben instalarse donde tenga sentido hacerlo y donde haya suficientes plantas con flores para sustentar a las colonias, añadió.

En Bruselas, una colmena con vistas al Bosque de Soignes o a los parques de Woluwe puede prosperar. Una situada sobre un edificio de oficinas en el Barrio Europeo probablemente no lo hará. «Instalar colmenas en la Rue de la Loi no tiene ningún sentido», afirmó Jacobs.

¿Demasiadas abejas?

Desde 2020, la administración de Medio Ambiente de Bruselas ha desaconsejado la instalación de colonias de abejas melíferas en algunas áreas naturales protegidas, argumentando que una alta densidad de colmenas puede dejar menos alimento para los polinizadores silvestres.

Joszef van der Steen, un investigador neerlandés especializado en polinizadores, explicó a Euractiv que la densidad de las colonias puede resultar problemática cuando escasea el alimento, ya que las abejas melíferas compiten con otros polinizadores.

Mientras que algunas abejas melíferas pueden buscar alimento a varios kilómetros de la colmena, muchas abejas solitarias solo se alejan entre 100 y 200 metros de sus nidos. «Si un apicultor urbano quiere asegurarse de que está favoreciendo a los polinizadores, debe ser consciente de que hay polen y néctar a poca distancia», afirmó Van der Steen.

Jacobs, al igual que la mayoría de los apicultores, rechazó la idea de que las abejas melíferas supongan una amenaza directa para los polinizadores silvestres en Bruselas. Afirmó que la moda de las colmenas en las azoteas ha perdido fuerza, al igual que el auge de la apicultura aficionada.

Según la SRABE, el número de colmenas en Bruselas ha descendido de más de 700 a unas 400-450 en la última década, mientras que la mayoría de los apicultores locales siguen siendo aficionados en lugar de productores comerciales.

La amenaza del avispón asiático

Existen otras amenazas reales para los polinizadores, señaló el apicultor veterano, en particular el invasor avispón asiático. Este no solo se alimenta de abejas melíferas, sino también de muchos otros insectos voladores, lo que lo convierte en una amenaza más amplia para la biodiversidad.

En el colmenar de Anjou, los estudiantes han instalado trampas electrificadas frente a las colmenas de formación después de que los avispones comenzaran a patrullar las entradas de las colmenas y a capturar a las abejas obreras que regresaban. «El avispón está ahora muy presente en Bruselas», afirmó Jacobs. «Probablemente la batalla esté perdida, pero aún así tenemos que reducir los riesgos».

Trampas para avispones asiáticos en el colmenar de Anjou. (Foto: Sofía Sánchez Manzanaro)

Mientras algunos estudiantes inspeccionan las colmenas y comprueban que las colonias estén sanas, otros trabajan en la sala de miel, raspando las últimas gotas de miel de los marcos recién destapados antes de cargarlos en el extractor. Para muchos, sin embargo, la miel es algo secundario.

Gulsah, que trabaja en un banco de Bruselas, aún no tiene un jardín donde pueda instalar colmenas, pero afirma que el curso ya le ha aportado algo más. «Me acerca a la naturaleza y me recuerda a mi abuelo en Turquía, que solía criar abejas», comentó.

Para Jacobs, esa conexión con la naturaleza es precisamente lo que debería fomentar la apicultura urbana. Proteger a los polinizadores, argumentó, depende en última instancia de la restauración de los hábitats.

Van der Steen se mostró de acuerdo. Cuando se le preguntó qué deberían priorizar los responsables políticos, respondió con claridad: «La comida y las plantas». Añadió que restaurar los hábitats mediante más flores, plantas silvestres y menos espacio urbano pavimentado será mucho más beneficioso para los polinizadores. «Realmente es tan sencillo como eso».

Estudiantes raspando cera en la casa de la miel. (Foto: Sofía Sánchez Manzanaro)

(adm, mm)