La lucha por recuperar las calles de Bruselas para los niños

Los padres se enfrentan a dificultades a la hora de convertir el espacio vial en zonas de juego. Los activistas acusan a los concejales de temer una reacción negativa por parte de los conductores.

Euractiv
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Varios niños juegan en la calle. [Foto: Maja Hitij/Getty Images]

Son las 17:00 horas de un martes, en la avenida Léon Houyoux, en el barrio de Auderghem, en Bruselas. Cinco niños juegan en la pequeña calle, golpeando una pelota de swingball, mientras unas bicicletas y un carrito de la compra lleno de juguetes esperan su turno.

Una barrera impide el paso a los coches; durante julio y agosto, esta calle ha sido designada oficialmente como «calle de juegos». Una vez más, los niños pueden disfrutar del espacio de 9 de la mañana a 10 de la noche, a discreción de los vecinos de la calle.

Cada verano, los residentes de cualquier lugar de la Región de Bruselas-Capital pueden solicitar a su ayuntamiento que haga lo mismo. Pero, tal y como ha descubierto Euractiv, la iniciativa no ha tenido el éxito que se esperaba.

En su libro de 2008 Fighting Traffic, el historiador estadounidense Peter Norton explica cómo la industria del automóvil transformó la percepción pública de la calle, pasando de ser un espacio público a poco más que una «autopista». 

El libro relata cómo, en la década de 1920, el lobby automovilístico de EE. UU. convenció a los políticos para que tipificaran como delito a los peatones que obstaculizaban el tráfico, llegando incluso a tildarlos de jaywalkers (peatones imprudentes ). 

El «reino del coche»

Aunque Europa está menos centrada en el coche que EE. UU., se ha generalizado la idea de que los peatones deben asumir la responsabilidad principal de actuar con precaución y estar atentos a los coches. Pero tras un siglo de dominio de las carreteras , crece la resistencia al «reino del coche», incluso en la ciudad cuna de los asuntos europeos.

En los últimos años, Bruselas ha adoptado una postura más proactiva para descongestionar la ciudad, con una serie de campañas que ponen de relieve los efectos sobre la salud de la contaminación provocada por los motores de combustión y promueven, en su lugar, los beneficios del «transporte activo» (bicicletas, patinetes y desplazamientos a pie).

Esta filosofía ha dado lugar a cambios visibles, desde calles peatonalizadas hasta la creación de carriles bici. Good Move —un plan regional de movilidad puesto en marcha por el último Gobierno de Bruselas— reformó radicalmente la planificación del tráfico en toda la región, principalmente con el objetivo de reducir el número de coches que circulan por el centro de la ciudad y, a menudo, dando prioridad a otros usuarios de la vía pública.

Un sentido de pertenencia

Las calles de juego son otra forma de promover la seguridad y la cohesión en los barrios. «Las calles de juego aportan a la gente un sentido de pertenencia, el sentimiento de que el lugar es suyo que a menudo falta en Bruselas», afirma Elke Van den Brandt, ministra de Movilidad, Obras Públicas y Seguridad Vial de la Región de Bruselas-Capital desde 2019. 

«El hecho de que la calle esté abierta al juego nos ha permitido fomentar un sentido de comunidad», coincide Alice, una joven madre de Auderghem. Ella describe cómo algunos padres pueden vigilar a los niños mientras juegan juntos, lo que permite a otros dedicarse a las tareas del hogar.

Para muchos padres, el concepto resulta atractivo. Sin embargo, las calles de juego no cuentan con el apoyo unánime y se han convertido en motivo de frustración para algunos conductores.

Enfrentar a peatones y conductores

Bruselas ya ha sido testigo anteriormente de fuertes reacciones en contra de nuevas medidas de tráfico: residentes enfurecidos arrancaron las nuevas señales de tráfico colocadas durante el programa Good Move. Dado que el acceso a las calles es un tema tan delicado, las calles de juego son otra iniciativa que amenaza con enfrentar a peatones y conductores.

«Sería bueno para todos cerrar este tramo de calle, que no tiene árboles, donde la mayoría de los residentes no tienen jardín y donde hay mucho tráfico», afirma Sophie, una madre que vive en la Rue Émile Féron, en Saint-Gilles. 

Pero, mientras que en Auderghem las calles se han cedido habitualmente a los niños desde 2013, en Saint-Gilles se han rechazado dos solicitudes para cerrar calles durante tan solo una semana . Además, las solicitudes para crear calles de juego en Saint-Gilles prácticamente se han agotado.   

Esto refleja una tendencia más generalizada en todo Bruselas. Euractiv se puso en contacto con los 19 municipios de la región y descubrió que solo Auderghem, Saint-Gilles e Ixelles habían recibido solicitudes para crear calles de juego este verano. 

Los activistas acusan a los ayuntamientos de temer una reacción negativa por parte de los conductores. Esto se produce tras una serie de incidentes el verano pasado en los que los conductores retiraron las barreras y se abrieron paso a la fuerza a través de las obras viales y las calles de juego. Las imágenes de las acaloradas discusiones se difundieron ampliamente en las redes sociales.  

Foto de Sophie, una vecina

Quizás como consecuencia de ello, las autoridades locales están haciendo muy poco por dar a conocer lo que en su día se concibió como una oportunidad abierta a todos los residentes de Bruselas. Los formularios de solicitud están ocultos en las páginas web de los ayuntamientos, los plazos se publican discretamente enlos boletines municipales y las publicaciones en las redes sociales son escasas. 

«Si realmente estuvieran comprometidos con ello, si se tratara de verdad de un proyecto liderado por las autoridades locales, lo veríamos por todas partes», afirma Renaud Leemans, de la asociación con sede en Bruselas LesChercheurs d’Air, que aboga por la movilidad urbana sostenible y pone de relieve el impacto de los coches en los niños. 

Para complicar aún más las cosas, es responsabilidad de quienes presentan una solicitud obtener el consentimiento firmado de al menos la mitad de los vecinos, en lugar de, por ejemplo, anunciar la solicitud y dar a los vecinos la oportunidad de oponerse. Algunos padres, sencillamente, no tienen tiempo. 

Activismo urbano

La Ville aux Enfants, una organización benéfica que aboga por devolver a los niños su lugar en los espacios públicos, insta a las autoridades locales a asumir un papel más activo. 

«Siempre es fácil pasarle la pelota al público», afirma Dorothée, una de sus miembros.«Este es un proyecto para la ciudad; es un proyecto político; no puede depender únicamente de los padres».

Las organizaciones benéficas están interviniendo cada vez más para llenar el vacío dejado por las autoridades públicas.La asociación Filter Café Filtré se ha mostrado especialmente activa, organizando cada verano actividades en unas diez calles de Molenbeek que se cierran al tráfico durante unos días o una semana. Este verano, también convirtió la Place Colignon de Schaerbeek en un parque infantil.

Foto: Florent Servia

También existe una disparidad entre las instalaciones y medios que ponen a disposición los ayuntamientos. Auderghem proporciona señales para alertar a los conductores y dar a todo el asunto un aire oficial. No es así en Saint-Gilles. 

«El año pasado, nos vimos escribiendo “Calle de juegos, ciudad de Saint-Gilles” con rotulador sobre un trozo de cartón», explicó Sophie a Euractiv.«¡Era una locura que nos tocara hacerlo a nosotros!»

Falta de promoción por parte del ayuntamiento

A diferencia de Auderghem, las calles de juego en Saint-Gilles no se consideran una tradición local de las vacaciones escolares. Durante la prueba piloto de 2025, Sophie observó que algunos vecinos se mostraban reticentes a cerrar la calle. Esto podría deberse en parte a la falta de promoción por parte del ayuntamiento, más que a una oposición generalizada.

«A medida que pasaban los días, vecinos a los que no conocíamos muy bien —y que, de hecho, pensaban que la idea era genial— empezaron a colocar barreras (para detener el tráfico)», recuerda. Dado el entusiasmo local, no oculta su decepción ante la negativa del ayuntamiento a aprobar las solicitudes este verano. 

Martine Maelschalck, concejala de Auderghem, afirma que las calles de juego tienen éxito en su municipio porque están bien consolidadas. El ayuntamiento confía en que los vecinos utilicen el programa de forma responsable y no tiene ningún inconveniente en conceder una autorización de dos meses durante las vacaciones de verano. Este año ha ampliado la iniciativa a las vacaciones de Semana Santa.

El politólogo y urbanista neerlandés Maarten Hajer declaró a Euractiv que las calles de juego son una forma de «urbanismo táctico» que las comunidades locales acaban aceptando porque son a la vez temporales y recurrentes. 

Sin embargo, en lugar de utilizar su autoridad para normalizar un programa que muchos residentes acogerían con agrado, la mayoría de los municipios de Bruselas se muestran reticentes a intervenir en el delicado tema de la política viaria.

(Editado por rh, aw, ow/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)