La carrera por los minerales críticos evoca la del petróleo al perjudicar a los pobres, según la ONU
El informe de la ONU subraya las intensas necesidades de agua de la extracción de minerales críticos y que las comunidades que viven más cerca de las operaciones mineras pagan un alto precio en forma de agua contaminada, escasez de agua, pérdida de medios de subsistencia y graves consecuencias para la salud. Según el documento, la producción mundial de litio de 2024 (unas 240.000 toneladas) consumió unos 456.000 millones de litros de agua, lo que equivale a las necesidades anuales de agua potable de 62 millones de personas en el África subsahariana, cerca de la población de Tanzania.
Nueva York/Madrid (Servimedia) – La extracción de minerales críticos, como el litio y el cobalto, se encuentra en una carrera que evoca la “injusticia” de la del petróleo al perjudicar a las poblaciones más vulnerables del mundo.
Así se recoge en un nuevo informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-Inweh) -conocido como el grupo de expertos de la ONU en materia de agua- y difundido este miércoles.
Los minerales críticos impulsan las energías renovables y las transiciones digitales esenciales para alcanzar los objetivos climáticos, pero el desarrollo de las tecnologías que permiten un futuro sostenible genera graves crisis ambientales y sanitarias ocultas que el mundo no detecta ni aborda.
La investigación revela que fallos sistémicos globales permiten que los costes de la extracción de minerales críticos recaigan desproporcionadamente sobre algunas de las comunidades más vulnerables del mundo, mientras que los beneficios se acumulan en otros lugares en forma de vehículos eléctricos, sistemas de energías renovables e infraestructura de inteligencia artificial.
El informe no cuestiona la necesidad de sistemas de energía limpia ni la infraestructura digital que los sustenta. En cambio, se pregunta quién paga y se beneficia del progreso de la humanidad en esos ámbitos, y encuentra una respuesta injusta.
“Las disrupciones tecnológicas son necesarias y útiles. Pero debemos ser conscientes de sus consecuencias no deseadas y abordarlas de manera proactiva si queremos que todo el mundo se beneficie por igual de ellas”, afirma Kaveh Madani, director del UNU-Inweh y líder del equipo de investigación, antes de añadir: “No se puede hablar de una transición ecológica, sostenible y justa si simplemente traslada el daño ambiental de los ricos a los pobres, y de un grupo de personas o región a otro”.
The race to mine critical minerals for AI and clean energy is creating ‘sacrifice zones’ that harm water and health of world’s poorhttps://t.co/2QfUhB0Vkh
— Kaveh Madani (@KavehMadani) April 29, 2026
Agua contaminada
El informe subraya las intensas necesidades de agua de la extracción de minerales críticos y que las comunidades que viven más cerca de las operaciones mineras pagan un alto precio en forma de agua contaminada, escasez de agua, pérdida de medios de subsistencia y graves consecuencias para la salud.
Según el documento, la producción mundial de litio de 2024 (unas 240.000 toneladas) consumió unos 456.000 millones de litros de agua, lo que equivale a las necesidades anuales de agua potable de 62 millones de personas en el África subsahariana, cerca de la población de Tanzania.
En el Salar de Atacama (Chile), la extracción de litio por sí sola representa hasta el 65% del consumo de agua regional, intensificando la competencia con la agricultura y las necesidades domésticas y provocando un agotamiento drástico de las aguas subterráneas. Entre 1990 y 2015, los niveles freáticos en las zonas con pozos de salmuera descendieron hasta nueve metros.
Además, la extracción de litio en la región de Uyuni (Bolivia) está dificultando cada vez más que las comunidades cultiven quinua, su alimento básico tanto económico como nutricional.
A nivel mundial, una sexta parte (16%) de las reservas de minerales críticos se encuentran en regiones con altos niveles de estrés hídrico, mientras que el 54% de los minerales para la transición energética se ubican en territorios indígenas o cerca de ellos.
El daño ambiental va mucho más allá del consumo de agua. Por cada tonelada de minerales de tierras raras difíciles de extraer, se generan unas 2.000 toneladas de residuos tóxicos.
En 2024, la producción mundial de tierras raras generó unos 707 millones de toneladas métricas de residuos tóxicos, suficientes para llenar unos 59 millones de camiones de basura, una cantidad que podría formar una fila que rodeara el ecuador 13 veces.
‘Paradoja’
El Acuerdo de París prioriza la extracción de minerales críticos para reducir la intensidad de carbono de las actividades humanas. Sin embargo, esto crea una nueva ‘paradoja’: para alcanzar los objetivos climáticos mundiales, sería necesario multiplicar por nueve la demanda de litio y duplicar la de cobalto y níquel para 2040.
“Sin mecanismos de control eficaces, los mismos objetivos diseñados para proteger el planeta pueden agravar las crisis hídricas, sanitarias y de injusticia en las comunidades menos responsables del cambio climático”, afirma Madani, recientemente galardonado con el Premio del Agua de Estocolmo 2026.
Madani añade: “El mundo se apresura a construir un futuro energético más limpio, y apoyamos esa urgencia. Pero nuestra investigación demuestra que las operaciones mineras que impulsan esa transición están contaminando el agua potable, destruyendo los medios de subsistencia agrícolas y exponiendo a los niños a metales pesados tóxicos en algunas de las comunidades más vulnerables del mundo”.
Se prevé que la demanda de grafito y otros minerales esenciales para la transición energética y digital aumente entre cuatro y cinco veces para 2050.
El informe, que se refiere a los minerales críticos como el ‘petróleo del siglo XXI’, establece un paralelismo preocupante con la era de los combustibles fósiles, señalando que los beneficios de la extracción de recursos en el pasado rara vez llegaron a las comunidades que sufrieron sus costes.
Además, advierte de que, sin una intervención política deliberada, la transición energética corre el riesgo de repetir ese patrón, creando nuevas ‘zonas de sacrificio’ en regiones ricas en minerales, pero económicamente marginadas.
Carga sanitaria
Poor otro lado, la contaminación del agua derivada de la minería genera graves emergencias de salud pública. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, un importante productor de cobalto, el 72% de las personas que viven cerca de las zonas mineras reportaron enfermedades de la piel, y el 56 % de las mujeres y niñas reportaron problemas ginecológicos.
También se han documentado las consecuencias psicosociales. Los habitantes de las comunidades mineras de Calama (Chile) y Mibanze (República Democrática del Congo) describen vivir con miedo y ansiedad constantes, y con la sensación de ser ‘sacrificados’ para que las regiones más ricas puedan progresar.
Aproximadamente un 30% de las explotaciones mineras en la República Democrática del Congo emplean a niños, que, por lo general, carecen de medidas básicas de salud y seguridad.
En la República Democrática del Congo, más del 80% de la producción minera está controlada por minas industriales extranjeras, lo que limita el crecimiento económico local. A pesar de la gran riqueza mineral del país, más del 70% de la población vive con menos de 2,15 dólares al día.
“La transición a la energía verde es una de las iniciativas más importantes de nuestro tiempo. Sin embargo, la evidencia que hemos recopilado demuestra que las comunidades que realizan las labores de extracción respiran el polvo y pierden el acceso al agua potable quedan en gran medida excluidas de sus beneficios”, afirma Abraham Nunbogu, científico de UNU-Inweh y autor principal del informe.
///
(Editado por MGR/clc/Servimedia y Fernando Heller)