Ignacio Molina (Elcano): “Trump y Putin han perdido a su principal caballo de Troya en la UE, pero no está todo ganado”
“Se abre ahora una etapa de mayor serenidad, aunque no será un camino exento de obstáculos”, apunta Molina al tiempo que recuerda que todavía siguen en el poder otro de los más fieles "caballos de Troya" prorrusos en la UE: el primer ministro eslovaco, Robert Fico (Smer), además de la reciente victoria en las elecciones legislativas de Bulgaria del nacionalista y euroescéptico Rumen Radev. Trump y Putin han perdido a Orbán, sí, pero la batalla no está ganada", advierte Molina.
Madrid (Euractiv.es) – A pocos días de la celebración, el próximo 9 de mayo, del “Día de Europa” muchos en Bruselas y en las capitales comunitarias lo celebrarán aliviados por la reciente derrota en las urnas del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, lo cual, según Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, ha sido un sonoro golpe para las fuerzas ultra y populistas, y especialmente para los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Rusia, Vladimir Putin, sus dos principales valedores internacionales.
Ante la cercanía del 9 de mayo, fecha en la que se conmemora la Declaración Schuman, de 1950, cuando el entonces ministro francés de Asuntos Exteriores Robert Schuman propuso impulsar la unidad política de Europa para evitar más guerras en el Viejo Continente, Molina considera que la derrota de Orbán aportará “mayor tranquilidad” y marcará «el inicio de una nueva etapa en la UE».
En ese sentido, uno de los beneficios políticos tangibles para la UE, según el investigador de Elcano, será el levantamiento del bloqueo que imponía hasta la fecha el primer ministro húngaro y su partido ultranacionalista Fidesz a las ayudas financieras (como los 90.000 millones de euros aprobados a finales de este mes) y también el apoyo militar a Kiev para resistir la invasión rusa.
“Se abre ahora una etapa de mayor serenidad, aunque no será un camino exento de obstáculos”, apunta Molina al tiempo que recuerda que todavía sigue en el poder otro de los más fieles «caballos de Troya» prorrusos en la UE: el primer ministro eslovaco, Robert Fico (Smer), además de la reciente victoria en las elecciones legislativas de Bulgaria del nacionalista y euroescéptico Rumen Radev.
«Trump y Putin han perdido a Orbán, sí, pero la batalla no está ganada», advierte Ignacio Molina.
Por otro lado, aunque el vencedor de los comicios en Hungría y primer ministro electo Péter Magyar (Tisza/Partido Popular Europeo) ha prometido volver a colocar al país en la senda de la UE y alejarlo de la confrontación con Bruselas “tampoco es precisamente un izquierdista, en temas como la inmigración el cambio (a mejor) no va a ser tan notable, será probablemente mínimo”, advierte el experto.
«Afortunadamente, todo apunta a que Magyar no va a ser un nuevo líder de la derecha soberanista, todo lo contrario, va a ser una derecha conservadora, aunque no sea muy europeísta, pero tampoco será un obstaculizador«, explica Molina.
Según el experto, la verdadera importancia sistémica para la UE del fin de la era Orbán (tras doce años en el poder) es que se ponga fin al más profundo y prolongado deterioro de la calidad democrática y del Estado de Derecho que se había producido hasta la fecha en un país de la Unión», sostiene el investigador de Elcano.
Magyar fue miembro del Fidesz, integrado en el grupo europeo de Patriotas por Europa (PfE), en el cual también militan, además de Vox, la Agrupación Nacional (RN) de Francia o La Liga, del polémico Matteo Salvini, entre otras formaciones ultras y nacionalistas presentes en Estrasburgo.
Hungría, ¿otra vez, un socio «fiable»?
Según Molina, a pesar de la inquietud entre los más fieles europeístas por la victoria de Radev en Bulgaria y de la filorrusa Eslovaquia de Fico, la derrota de Orbán del pasado 12 de abril “tiene un especial simbolismo por lo problemática que fue la relación de Budapest con la UE, y con Bruselas en especial».
De hecho, como símbolo de esa nueva etapa de acercamiento a la UE, Magyar se entrevistó ayer, miércoles, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con el objetivo de desbloquear los fondos comunitarios retenidos hasta ahora por Bruselas para el país centroeuropeo.
En ese sentido, otro de los puntos positivos del final de la «era Orbán» es -según Molina- el retorno del país centroeuropeo al respeto del Estado de Derecho, después de que Budapest fuera denunciada ante el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) por, entre otros expedientes «calientes», atentar contra los principios fundacionales de la UE y por no respetar a las minorías y al colectivo LGTBIQ.
“El mismo fenómeno se produjo en Polonia (Bruselas llevó al país ante el TJUE en relación a la independencia del Tribunal Supremo) en los diez largos años de hegemonía del partido conservador Ley y Justicia (PiS), aunque, afortunadamente, (el primer ministro y expresidente del Consejo Europeo) Donald Tusk logró revertir la situación. Esperemos que Magyar siga por esa misma senda”, afirma Molina.
El final de la «era Orbán» es, en opinión de Molina, especialmente significativo por lo que supone de comenzar a recuperar gradualmente los valores europeos y el respeto al Estado de Derecho. Durante los doce años de Orbán «todos esos valores sufrieron un fuerte deterioro, y Hungría dejó de ser considerada un socio fiable».
A pesar de la nueva etapa, «Magyar debe demostrar con los hechos que Hungría vuelve a ser un socio fiable en el club comunitario», subraya Molina.
Y si la frase -que se atribuye al ex Secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger- «¿a quién llamo cuando quiero hablar con Europa» (supuestamente de 1973) es un poco menos acertada desde la creación de la figura del Alto/a Representante (cargo estrenado por Javier Solana entre 1999 y 2009), el complejo tablero geopolítico (guerra de Irán, Ucrania y conflicto en Oriente Medio) ha expuesto, según algunos analistas, las debilidades de una Europa muy ausente en la escena internacional.
En algunos círculos de Bruselas y de las capitales comunitarias se considera -en voz baja y con sordina- que la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, no está a la altura del momento, extremo que Molina matiza.
“Para ser totalmente justos, no debemos olvidar que las competencias de la UE en política exterior son limitadas (son sobre todo nacionales). Es verdad que Kallas no es tan enfática como por ejemplo era (el ex jefe de la diplomacia Josep) Borrell, pero tiene que hacer ejercicios de equilibrio para buscar un mínimo común denominador entre los 27 (delicadas votaciones por unanimidad) y eso no es nada fácil”, defiende el experto de Elcano.
«Se pueden ejercer las competencias (en política exterior) de una manera más audaz, como hacía Borrell, o buscando, como hace Kallas, el mínimo común denominador. Y aunque Borrell tuvo un estilo mucho más proactivo (por ejemplo con la guerra en Gaza) también tenía sus grandes limitaciones», subraya Molina.
«Estructuralmente, hay presión para que la UE, de una vez por todas, genere la gobernanza y las capacidades que le permitan ser un actor de peso en el mundo, eso es verdad«, subraya Molina. al tiempo que agrega que «aunque no quisiera utilizar la metáfora, polémica, que empleó Josep Borrell (en un discurso en 2022) acerca de que Europa es un jardín que podría ser invadido por la jungla, lo que él dijo es bastante acertado».
En relación a esa metáfora, la verdad es que «los jardineros (europeos) están un poco despistados, y no se han puesto las pilas hasta ahora».
Por otro lado, Molina cree que «tiene cierto sentido que Kallas prefiera esquivar asuntos donde hay mucha división, sobre todo en todo lo que tiene que ver con la relación con Estados Unidos y el conflicto en Oriente Medio y con Israel, porque son temas que provocan mucha polémica».
En ese sentido, el investigador principal de Elcano considera que la victoria de Magyar en este asunto «puede ser un poco contraproducente en el sentido de que reduce un poco la urgencia de revisar el sistema de voto en el Consejo (de la unanimidad a la mayoría cualificada), aunque eso (que facilitaría la toma de decisiones clave) supondría un cambio muy complicado en los Tratados o bien una reinterpretación de los actuales Tratados (…)», afirma Molina.
En torno a la polémica surgida hace pocos días sobre un supuesto correo electrónico de la Casa Blanca en el cual se sugería que la administración Trump estaría intentando presuntamente “expulsar” a España de la OTAN, Molina considera que sería una “quimera”.
“Se han dicho tantas cosas contra tantos aliados (…) el mismo Trump ha cargado varias veces contra España. Pero en este caso hablamos de un presunto correo, ni siquiera fue algo que hubiese dicho Trump ni (el Secretario de Estado, Marco) Rubio, ni (el vicepresidente JD) Vance. Y todos ellos han dicho cosas muy graves contra muchos aliados. Esa noticia (que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, evitó comentar) hay que contextualizarla muchísimo”, señala Molina.
La controversia y el ruido mediático generados por ese supuesto intento de «expulsión» de España de la Alianza Atlántica se enmarca, según Molina, «en el estilo provocador que caracterizó a Trump durante su primer mandato y que está marcando con más fuerza su segunda etapa en la Casa Blanca».
En opinión de Molina, “eso no va a pasar (la exclusión de España de la OTAN), no puede pasar porque el primer interesado en que eso no ocurra es Estados Unidos”, que dispone en España de las bases militares de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla).
«Está claro que existe un malestar de fondo de Estados Unidos con España. Aunque el Tratado (de la OTAN) no permite esa expulsión, si podrían ocurrir otras cosas negativas como que España no sea invitada a la cumbre del G20, o que Estados Unidos vete cualquier nombramiento de españoles para posiciones diplomáticas o militares relevantes en la Alianza», advierte Molina.
Frugales del norte y «manirrotos» del sur
Desde comienzos de año, y tras el Consejo europeo informal de Nicosia, Chipre, de finales de este mes, se ha reabierto el debate sobre el nuevo presupuesto a largo plazo de la UE – el Marco Financiero Plurianual (MFP) para el período 2028-2034- y uno de los asuntos más espinosos es el de la asignación de partidas específicas y la posible fusión de algunos fondos, con la defensa como uno de los gastos destacados.
“La batalla presupuestaria es un «clásico» en la UE. Se produce cada cinco o seis años. Y para el siguiente ciclo todavía nos queda 2027 para negociar y cerrar todos esos flecos. En el caso de España (que se adhirió a la entonces CEE junto con Portugal en 1986) podría pasar de receptor neto (recibe más de lo que paga a la “caja común europea”) a contribuyente neto”, explica Molina.
La áspera pugna por los dineros europeos promete ser esta vez especialmente dura. El campo de batalla vuelve a estar dominado por los dos principales grupos en liza: los frugales y austeros (centroeuropeos y nórdicos) y los “gastadores” (a quienes normalmente se suele colocar en el flanco sur).
“Estos últimos días (el canciller alemán Friedrich) Merz (CDU/PPE) ha dejado claro que no quiere mover ni una coma de la actual dotación presupuestaria. La postura de Alemania (junto con Francia el tradicional “motor” de la UE) es clara. Ellos tienen sus problemas, sobre todo el aumento del presupuesto de defensa (tras la flexibilización del «freno de la deuda», anclado en la Constitución germana) y la mejora de sus infraestructuras, entre otros rompecabezas internos”, sostiene Molina.
Precisamente, el pasado día 28, el Parlamento Europeo fijó su posición sobre el MFP, y propuso un presupuesto equivalente al 1,27% de la Renta Nacional Bruta (RNB), excluir los costes de reembolso de la deuda, a la par que poner la Defensa y la competitividad como nuevas prioridades, sin afectar la cohesión y la Política Agrícola Común (PAC), entre otras medidas.
«Tenemos una UE que no genera deuda pública (ante la falta de una Unión Fiscal), un presupuesto muy bajo que sigue estancado muy por debajo del 2% del PIB. Eso es una mezcla de elementos negativos. La aprobación de los Fondos Next Generation fue algo excepcional que ahora, con Merz, será muy difícil que se vuelva a producir», afirma.
La familia crece hacia el Este (sin Ucrania)
Mientras las capitales comunitarias y Bruselas se preparan para decorar sus calles de azul y estrellas amarillas y ensayan la melodía del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven y la «Oda a la Alegría» de Friedrich von Schiller, muchos miran de reojo a los Balcanes Occidentales y a Ucrania ante una posible nueva ampliación del bloque.
Aunque las perspectivas de adhesión para Ucrania no sean inmediatas, Molina considera que Islandia (cuando todavía no se han apagado las llamas de la polémica por las apetencias territoriales de Trump sobre ese territorio independiente), Montenegro, Albania o Moldavia podrían ser los siguientes en la lista para entrar al club comunitario.
“Puede que tengamos buenas noticias bastante pronto (…) y eso servirá para apuntalar la idea de que, a pesar de la complejidad del momento internacional, estamos en una Unión Europea que sigue creciendo”, sostiene el investigador principal de Elcano.
“Soy optimista sobre todo porque son países relativamente pequeños y eso generará un ‘efecto palanca’ para otros. Ucrania es un caso aparte, por sus dimensiones y por el actual contexto. Es una pieza (política) de caza mayor”, apunta Molina.
A pesar de la moderación sobre las expectativas europeas de Ucrania, el politólogo e investigador de Elcano cree que podría producirse una adhesión de Kiev a medio o largo plazo. “Con Ucrania seguramente la idea es mantener de momento viva la llama de su adhesión. Todo el mundo sabe que eso va a ser muy largo”, señala el investigador principal de Elcano.
En ese sentido, Molina recuerda que desde hace años duerme en un cajón de Bruselas la hipotética adhesión de Turquía (el país euroasiático es candidato oficial a la adhesión).
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(Editado por Fernando Heller)