La UE y Mercosur suavizan su disputa diplomática por la protección de la Amazonia en aras del acuerdo

David Kleimann, experto en temas comerciales del Instituto Alemán de Desarrollo y Sostenibilidad (IDOS) en Bruselas, señaló que el pilar comercial ahora en vigor también compromete a las partes a no rebajar los estándares medioambientales en virtud de un principio de «no regresión». «El acuerdo refuerza de facto a la administración de Lula, que ha convertido la lucha contra la deforestación en una de sus principales prioridades políticas», asegura

Euractiv
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en Belén, Brasil, el 26 de marzo de 2026.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en Belén, Brasil, el 26 de marzo de 2026. [(Foto: Filipe Bispo/Anadolu via Getty Images)]

Bruselas (Euractiv.com) – En los últimos meses se ha escrito mucho acerca de la inquietud de los agricultores europeos sobre el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, que entró en vigor de forma provisional ayer, viernes, tras más de dos décadas de negociaciones. 

Se trata de un cambio notable en relación a la protección del clima y a los reiterados llamamientos a preservar la Amazonía, que dominaban la retórica contra el Mercosur cuando el Pacto Verde de la UE estaba «de moda». Esos argumentos parecen haberse desvanecido, y han quedado reservados solo para un puñado de políticos ecologistas, ONG y think tanks que rechazan el pacto desde hace tiempo.

¿Qué ha cambiado? ¿Se trataba todo de oportunismo político? ¿O logró la Comisión Europea abordar lo que en su momento parecían preocupaciones insuperables en materia de sostenibilidad?

La respuesta está en algún punto intermedio.

El dilema de la deforestación

Los líderes políticos franceses al menos han sido coherentes en su rechazo al acuerdo, y han recurrido a varios argumentos que van desde la conservación forestal hasta los pesticidas. El acuerdo con el Mercosur se ha convertido en uno de los temas políticos más complejos en Francia, y en uno de los pocos asuntos que trasciende el espectro político: desde la izquierda hasta la derecha.

El presidente francés, Emmanuel Macron, centró en el verano de 2019 su atención en la deforestación del Amazonas, lo que llevó al mandatario galo a acusar a su entonces homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, de mentir sobre la protección del medio ambiente.

¿Era Macron sincero o simplemente se subía al carro del clima? Incluso algunos de los críticos más feroces del acuerdo, como la ONG internacional Greenpeace, admitieron que el expediente medioambiental se convirtió en argumento político de primer nivel. En 2019 marcó el punto álgido de las ambiciones climáticas de la UE, cuando Bruselas presentó el Pacto Verde Europeo, su plan insignia para reducir las emisiones para 2050.

Si la UE endurecía sus normas medioambientales, las peticiones de reciprocidad por parte de sus socios comerciales surgieron de forma natural, especialmente de regiones con marcos normativos más débiles, como el Mercosur.

En este contexto, la creación de una ley de la UE contra la deforestación —la EUDR, impulsada originalmente por Francia— parecía ofrecer una solución clara. Al exigir a las empresas que demostraran que los productos vendidos en la UE, desde la carne de vacuno hasta la soja, el cacao y el café, no estaban vinculados a la deforestación, la ley prometía cuadrar el círculo entre la apertura comercial y la protección del medio ambiente.

En la práctica, sin embargo, la ley ha tenido dificultades. La EUDR ha sufrido reiterados retrasos y se vio afectada por la estrategia general de simplificación normativa de Bruselas. En privado, muchos expertos de la UE también señalan defectos en la forma en que se redactó la legislación.

En relación con Mercosur, esos retrasos harán que el acuerdo entre en vigor meses antes de que la ley contra la deforestación lo haga, a partir del 30 de diciembre. En ese sentido, el eurodiputado «verde» Kai Tegethoff, del partido transnacional Volt, explicó a Euractiv que le preocupa la «brecha de aplicación» entre ambas,

«Estaremos permitiendo, en la práctica, que productos básicos como la soja, el café y el cacao entren en la Unión sin una rigurosa diligencia debida para garantizar que no proceden de zonas de deforestación», afirma, al tiempo que insta a Bruselas a no retrasar más el expediente.

«El anexo»

Junto con legislación medioambiental independiente como el EUDR, la UE negoció un anexo medioambiental adicional al acuerdo con Mercosur. El regreso de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia de Brasil en 2023 allanó el camino para sellar el acuerdo con salvaguardas ecológicas reforzadas.

Acordado años después de que se finalizara el texto principal en 2019, el anexo o -addenda- refuerza los compromisos sobre la deforestación y convierte el Acuerdo de París en un elemento esencial del pacto.

A partir de ahora, si un gobierno incumple sus compromisos climáticos eso podría desembocar en la suspensión del acuerdo.

En ese sentido, David Kleimann, experto en temas comerciales del Instituto Alemán de Desarrollo y Sostenibilidad (IDOS) en Bruselas, señaló que el pilar comercial ahora en vigor también compromete a las partes a no rebajar los estándares medioambientales en virtud de un principio de «no regresión».

«El acuerdo refuerza de facto a la administración de Lula, que ha convertido la lucha contra la deforestación en una de sus principales prioridades políticas», afirma Kleimann.

Para algunos analistas y expertos, eso es clave. En ese sentido, Irene Mia, investigadora principal para América Latina en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, asegura que se trata de un «experimento notable» en la diplomacia climática y plantea que podría incluso ser «un modelo» tanto para futuros acuerdos comerciales como para el «minilateralismo» —en el que un pequeño grupo de grandes economías coopera en cuestiones específicas mientras los foros multilaterales tradicionales se estancan—.

Pero aunque el pacto con Mercosur parece ya un hecho, las críticas no han desaparecido. Los políticos ecologistas y las ONG medioambientales son escépticas, aunque algunos hayan adoptado un tono más pragmático a medida que la UE intenta ganar nuevos aliados en un panorama geopolítico cada vez más volátil.

En ese sentido, Roderick Kefferpütz, director de la Fundación Heinrich Böll, un think tank afiliado al Partido Verde alemán, admite que existe mucha tensión.

«La geopolítica no ha prevalecido simplemente sobre las preocupaciones climáticas (…) en un entorno global más fragmentado, definido por el colapso del orden mundial basado en normas, es natural que los equilibrios en este sentido cambien y no sean inamovibles», afirma el investigador

Para Kefferpütz, las inquietudes relacionadas con el medio ambiente son «muy relevantes». Pero también lo es el fortalecimiento de los lazos con América Latina en las circunstancias actuales. Que el acuerdo esté a la altura dependerá, en última instancia, de su aplicación.

«Mucho dependerá de hasta qué punto estos compromisos sean exigibles en la práctica, de la solidez de los mecanismos de supervisión y de si existen formas creíbles de abordar el incumplimiento», advierte.

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(Editado por Fernando Heller)