Difícil regreso político para la UE en su compleja relación con Orbán

Se prevé un complejo retorno al trabajo en los círculos comunitarios de Bruselas por la difícil relación del bloque comunitario con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, cuyo país preside el Consejo de la UE hasta final de este año.

/ EUROEFE EURACTIV
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Bruselas (Euractiv / Budapest).- Se prevé un complejo retorno al trabajo en los círculos comunitarios de Bruselas por la difícil relación del bloque comunitario con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, cuyo país preside el Consejo de la UE hasta final de este año.

Con un torrente de supuestas “misiones de paz” en Ucrania antes de la pausa estival, Orbán, líder del nuevo grupo “ultra” Patriotas para Europa, en el cual está Vox, se vanaglorió de ser un intermediario capaz de mejorar la relación de Europa con Rusia,  China y otros países que intentan influir en la política de la UE.

Sus “misiones de paz” sin embargo han irritado a la UE y a sus Estados miembros, y muestra de ello es la decisión de trasladar la reunión informal de ministros de Asuntos Exteriores del bloque comunitario de Budapest a Bruselas, donde finalmente tuvo lugar este jueves.

En los próximos meses, es probable que otras reuniones informales bajo presidencia húngara del Consejo de la UE tengan una representación de “perfil bajo”, con funcionarios de segundo rango, en señal de protesta de algunos socios comunitarios por la actitud unilateral de Orbán, según comentaron varios expertos consultados por Euractiv-Bruselas.

Diplomacia de trolls

La presidencia húngara del Consejo de la UE se ha convertido en una «diplomacia de trolls», asegura Péter Krekó, director de Political Capital, al tiempo que añadió que  Orbán «sólo quiere provocar más ira de los líderes de la UE».

«(…) Comprobamos que el comportamiento de la UE hacia Hungría está cambiando», agregó el analista político y ex asesor de Orbán.

Preguntado por Euractiv.com sobre la respuesta europea, tachó los boicots de «infantiles y absurdos» y aseguró que Budapest se mantendrá en su línea.

«Desgraciadamente, la fuerte reacción a [nuestra] misión de paz no nos ha sorprendido en absoluto», declaró a Euractiv Balázs Orbán, quien a pesar de su apellido no tiene relación con el primer ministro.

«Silenciar las voces discrepantes es totalmente contrario al espíritu europeo y a sus valores, que muchos en Bruselas defienden con tanto ahínco», afirmó.

Petróleo y visados

Budapest tuvo  dos motivos para estar aún más irritada con Bruselas durante el verano.

En julio, la Comisión Europea rechazó una petición de Hungría y Eslovaquia de iniciar un procedimiento de consulta con Ucrania sobre las sanciones petroleras impuestas por Kiev al productor ruso Lukoil, alegando que «no parece que se justifiquen consultas urgentes».

Es probable que la cuestión de la concesión de visados de trabajo a ciudadanos rusos y bielorrusos por parte de Hungría, que según la mayoría de los Estados miembros de la UE podría amenazar la seguridad interna del bloque, sea otro de los motivos de choque entre Bruselas y Budapest.

Aunque Hungría rechazó que existan riesgos para la seguridad en el espacio Schengen, los Estados miembros de la UE más hostiles a Rusia -o los que se han visto afectados recientemente por lo que han calificado de actos de sabotaje en su territorio- no van a obviar ese asunto, según apuntan varios diplomáticos de la UE.

Los funcionarios húngaros, creen que se trata de un nuevo campo de batalla.

Un otoño políticamente muy tenso

Los analistas coinciden en que, lejos de calmarse las aguas entre Bruselas y Budapest, crecerá le tensión este otoño.

Hungría lleva casi 18 meses bloqueando el octavo tramo de ayuda militar a Kiev en el marco del Fondo Europeo para la Paz (FEP). Los diplomáticos de la UE no están seguros de que vaya a desbloquearse pronto, al menos hasta finales de este año.

Según fuentes diplomáticas de la UE, es poco probable que se produzca una decimoquinta ronda de sanciones a Rusia y Bielorrusia.

Pero aunque la Comisión Europea, que tiene la potestad de iniciativa legislativa,  podría no estar dispuesta a arriesgarse a aumentar la tensión, una posible escalada de los ataques rusos contra la población civil y las infraestructuras de Ucrania de  cara al  invierno podría obligarla a meterse de lleno en un choque frontal con Orbán.

Por otro lado, Occidente se enfrenta a retrasos en la finalización de los detalles técnicos de un acuerdo que desbloquearía 50.000 millones de dólares en ayuda para Ucrania aprovechando los beneficios inesperados de los activos congelados del banco central ruso.

Las negociaciones  avanzan lentamente debido a las reticencias de EE.UU. sobre la prolongación de la congelación de los activos, teniendo en cuenta que la UE debe renovar sus sanciones a Rusia cada seis meses con la unanimidad de todos los Estados miembros de la UE, y Hungría teóricamente podría vetarlas.

Washington ha pedido garantías más duraderas que prevean cambiar el mecanismo de sanciones del bloque a un ciclo de doce meses o más, según algunos círculos de Bruselas.

La  cumbre informal de la UE de noviembre, que tradicionalmente se celebra en el país que ostenta la presidencia rotatoria del bloque en ese momento, podría ser otro escenario de tensión.

Está previsto que se celebre coincidiendo con la próxima Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE), en la que participarán unos 50 líderes europeos.

Aún no está claro qué rango de asistencia tendrán esas reuniones, después de que varios Estados miembros de la UE se comprometieran a boicotear los encuentros de ministros en Hungría tras los viajes sorpresa de Orbán a Moscú y Pekín a principios de julio pasado.

Las motivaciones de Orbán

«No importa qué asunto debatamos o afrontemos últimamente, principalmente cuando está relacionado con Ucrania o nuestra seguridad europea, siempre tenemos en la cabeza la pregunta: ¿Qué piedra nos pondrá Hungría en el camino?», comentó una fuente diplomática de la UE.

Otras fuentes apuntan a problemas de desconfianza con Budapest, ya que los lazos de Hungría con Rusia hacen que los europeos se sientan «cada vez más incómodos», cuestionando la motivación de Orbán para ir contra la unidad del bloque.

«Aunque está claro que Orbán no es estúpido, lo que hace ahora con Rusia y China le aleja totalmente de la línea mayoritaria en la UE”, comentó  Krekó.

«Tiene un precio, y él lo sabe, pero sigue haciéndolo; así que, lógicamente, es difícil suponer que recibirá a cambio», agregó, en referencia a los intereses comerciales relacionados con los contratos nucleares de la empresa rusa Rosatom y los proyectos de infraestructuras.

Rusia está utilizando la «herramienta clásica de las trampas monetarias» en Hungría como en todas partes, comentó Krekó.

«En primer lugar, Orbán cree  que Rusia ganará la guerra, y creo que se trata de una creencia real por parte del gobierno», agregó.

«A largo plazo, piensa que Occidente está acabado y que la UE y la OTAN son los proyectos de ayer y no de mañana», subrayó.

Al mismo tiempo, los analistas opinan que la falta de una respuesta directa, firme y decisiva por parte de los líderes europeos podría haber incentivado los movimientos de Budapest.

«La debilidad política de Alemania y Francia es, en gran medida, una de las razones por las que Orbán dispone de tanto espacio para sus políticas», asegura Marija Golubeva, analista del Centro de Análisis de Políticas Europeas (CEPA).

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Editado por Fernando Heller