Irlanda, en el punto de mira por restar importancia al impacto climático del ganado
Los científicos temen que la adopción de los nuevos protocolos de contabilización del metano, que también están ganando terreno en EE. UU. y Brasil, favorezca a los grandes emisores actuales de este supercontaminante climático y acelere el calentamiento global.
Dublín quiere seguir los pasos de Nueva Zelanda, otra potencia ganadera, y cambiar la forma en que la contaminación por metano procedente de su numeroso ganado vacuno se tiene en cuenta en la política climática. Esta medida, según advierten los científicos, podría agravar el calentamiento global.
Los rumiantes producen grandes cantidades de metano durante la digestión y expulsan grandes volúmenes a la atmósfera. Junto con los 5 millones de ovejas de Irlanda, se estima que el ganado representa el 22 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero del país.
Conocida en todo el mundo por su mantequilla, su queso y sus filetes, Irlanda se ha mostrado durante mucho tiempo reacia a aceptar objetivos climáticos que teme que la obliguen a reducir su preciado sector ganadero.
Cuando el actual Gobierno asumió el cargo, se comprometió a «abogar por que la contabilización de este gas de efecto invernadero se reclasifique a nivel de la UE y a nivel internacional», argumentando que el gas tiene «características distintivas».
Nueva Zelanda —otro importante exportador de productos lácteos y carne de vacuno— suavizó el año pasado sus objetivos de reducción de metano al adoptar un nuevo enfoque muy del gusto de los ganaderos, pero no de los científicos del clima. Irlanda pretende seguir su ejemplo.
Es muy posible que la situación llegue a un punto crítico a partir del 1 de julio, cuando Dublín asuma la presidencia semestral del Consejo de la UE en medio de tensas discusiones sobre el futuro de la política climática del bloque.
Segundo factor más importante del efecto invernadero después del CO₂
En lo que respecta al metano, el segundo factor más importante del efecto invernadero después del dióxido de carbono, coexisten dos corrientes de pensamiento. Una sostiene que, en un periodo de 20 años, este gas retiene 80 veces más calor que el CO₂, lo que acelera el calentamiento global durante nuestra vida.
En otras palabras, tiene un alto «potencial de calentamiento global» (GWP). Por lo tanto, reducir las emisiones de metano es la forma más rápida de frenar el calentamiento global.
La otra corriente sostiene que el metano, a diferencia del CO₂, que permanece en la atmósfera durante milenios, tiene una vida relativamente corta en la atmósfera terrestre, ya que se descompone al cabo de unos 12 años, y forma parte de un ciclo natural. Por lo tanto, un cierto nivel de emisiones es normal y debería considerarse como referencia. Los investigadores añaden un asterisco y denominan este modelo «GWP*».
Nueva Zelanda se ha inclinado por este último enfoque, adoptando objetivos diseñados para estabilizar —en lugar de reducir drásticamente— las emisiones de metano. Según este enfoque, solo los aumentos significativos en la producción de metano se tratan como emisiones adicionales de gases de efecto invernadero, a diferencia del CO₂, que se acumula con el tiempo.
Los agricultores europeos, tanto en Irlanda como en otros lugares, se muestran partidarios de este enfoque, lo que podría tener importantes implicaciones para el objetivo de la UE de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55 % para 2030 en comparación con los niveles de 1990 —un objetivo que parece cada vez más inalcanzable—.
Los científicos y los activistas se movilizan
Los activistas climáticos y los científicos temen que la adopción de los nuevos protocolos de contabilización del metano, que también están ganando terreno en EE. UU. y Brasil, favorezca a los grandes emisores actuales de este supercontaminante climático y acelere el calentamiento global.
«La mitigación del cambio climático a nivel mundial corre el riesgo de verse socavada por el uso indebido de los nuevos enfoques sobre el metano», advierte una carta publicada el jueves, firmada por destacados científicos climáticos como Johannes Rockström, director del instituto climático alemán PIK, y Robert Howarth, una voz destacada en materia de metano en la Universidad de Cornell.
Pasar del recuento de emisiones concretas a un enfoque basado en la desviación respecto a una línea de base fija «permitiría a los principales emisores de metano seguir produciendo grandes cantidades de gases de efecto invernadero mientras proclaman la “neutralidad climática”», advierten.
Un portavoz del Ministerio de Clima de Irlanda afirmó que las emisiones de metano del país se estaban «calculando y contabilizando de manera coherente con las normas acordadas a nivel de la UE e internacional», mientras que el programa del Gobierno «reconoce la magnitud del reto al que se enfrenta Irlanda y establece una agenda integral para responder a la crisis climática».
(Editado por adm, rh/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)