Las crisis del Mar Negro, la sequía y el estrecho de Ormuz amenazan la seguridad alimentaria mundial

Rusia y Ucrania cuentan con cosechas de trigo relativamente buenas, pero los ataques a los puertos, buques e infraestructuras de exportación del Mar Negro están interrumpiendo los envíos y haciendo subir los precios mundiales del trigo a corto plazo.

Euractiv
Grain Shipments From Ukraine Inspected In Turkish Waters
Las exportaciones de cereales dependen en buena medida del Mar Negro. [Foto: Chris McGrath/Getty Images]

Una nueva amenaza está surgiendo para la seguridad alimentaria: las interrupciones en el suministro de cereales del Mar Negro se suman a unas cosechas más escasas y al aumento de los costes de la energía y los fertilizantes, como consecuencia de la crisis del estrecho de Ormuz.

Según los economistas, el mundo aún no se enfrenta a una escasez de cereales. Sin embargo, algunas de sus mejores cosechas de trigo están teniendo dificultades para llegar a los mercados mundiales, justo cuando los exportadores rivales tienen menos excedentes.

Rusia y Ucrania cuentan con cosechas de trigo relativamente buenas, pero los ataques a los puertos, buques e infraestructuras de exportación del Mar Negro están interrumpiendo los envíos y haciendo subir los precios mundiales del trigo a corto plazo.

Estos dos países representaron alrededor del 27 % de las exportaciones mundiales de trigo en 2025-26, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).

Un «desastre»

Ucrania suele necesitar exportar alrededor de 5 millones de toneladas de productos agrícolas al mes, pero Kiev prevé que los envíos alcancen apenas 1,5 millones de toneladas en agosto, según declaró el ministro de Agricultura, Taras Vysotsky, en un acto celebrado el 20 de agosto. Vysotsky calificó la situación actual de «desastre» y «la más difícil desde el inicio de la invasión a gran escala».

La situación recuerda a la de 2022, cuando el bloqueo naval ruso del mar Negro paralizó durante meses las principales rutas de exportación de cereales de Ucrania y obligó a Kiev a buscar alternativas a toda prisa.

Sin embargo, este año no es un calco exacto de 2022, y en algunos aspectos la situación es más compleja, según explicó a Euractiv Joseph Glauber, execonomista jefe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) e investigador emérito del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI).

Reducción en la producción de trigo

En 2022, las abundantes cosechas mundiales ayudaron a los mercados a absorber las perturbaciones. Este año, los principales exportadores tienen menos margen para compensar la situación, ya que se prevé que la producción de trigo disminuya en EE. UU. y Canadá, mientras que un fenómeno de El Niño intenso también podría afectar a la producción australiana. En Europa, la sequía ya está afectando a los rendimientos, especialmente en el caso del maíz.

Esto está obligando a los exportadores a recurrir en mayor medida a las reservas para intentar satisfacer la demanda mundial, señaló Glauber. «La situación podría empeorar antes de mejorar», añadió, aunque sigue esperando que algún tipo de acuerdo inspirado en la Iniciativa del Grano del Mar Negro de 2022 pueda restablecer finalmente el comercio.

Kiev se muestra menos optimista respecto a la posibilidad de depender del Mar Negro. «Hasta que termine la guerra, no hay garantía de que el Mar Negro funcione de forma sostenible», afirmó Vysotsky.

Rutas alternativas

Sustituir la capacidad del Mar Negro no será fácil. Ucrania vuelve a pedir un mayor tránsito a través de los países de la UE, esta vez de forma más permanente.

La UE y Ucrania pretenden ampliar las «rutas de solidaridad» establecidas en 2022, que utilizan carreteras, ferrocarriles y vías navegables interiores para transportar las exportaciones ucranianas a través de los países vecinos.

El futuro embajador de Ucrania ante la UE, Taras Kachka, afirmó la semana pasada que Kiev y sus vecinos deberían aprovechar las lecciones aprendidas entre 2022 y 2023 para aumentar los volúmenes de exportación sin volver a generar la confusión normativa y la reacción política negativa que se produjeron durante la primera iniciativa de emergencia.

Ucrania ya se ha dirigido formalmente a Polonia con una propuesta para duplicar el número de trenes de mercancías que cruzan la frontera, según informó el viernes el Ministerio de Agricultura de Kiev.

Sin embargo, es probable que se produzca resistencia por parte de Polonia, Eslovaquia, Hungría y otros países vecinos, donde los agricultores han culpado a las importaciones ucranianas de la caída de los precios locales de los cereales.

El Danubio, afectado por la sequía

En esta ocasión, las alternativas también se ven limitadas por factores físicos. El Danubio actuó como una importante válvula de escape en 2022, señaló Glauber, pero los bajos niveles de agua están haciendo que la ruta resulte ahora más cara y menos eficiente.

Rusia también depende en gran medida del Mar Negro para la exportación de cereales y tiene pocas alternativas. Argus estima que Moscú podría disponer de unos 45 millones de toneladas de trigo para la exportación en 2026-27, mientras que la capacidad realista de exportación a través de los puertos del Báltico es solo de unos 4,5 millones de toneladas.

A corto plazo, el norte de África y Oriente Medio siguen estando muy expuestos a la escasez de trigo debido a su dependencia de los suministros rusos y ucranianos.

Sin embargo, la crisis del estrecho de Ormuz podría tener un mayor impacto en los precios de los alimentos en Europa y EE. UU., según Glauber, ya que el aumento de los costes energéticos repercute en la transformación, el transporte y el envasado.

Biocombustibles y fertlizantes

El aumento de los precios de los combustibles fósiles también está influyendo en las decisiones de siembra, impulsando la demanda de biocombustibles y haciendo que los cultivos de semillas oleaginosas resulten más atractivos. Glauber señaló que los agricultores canadienses habían sembrado menos trigo y más colza este año.

Los fertilizantes son otra fuente de preocupación. Los precios siguen siendo elevados, mientras que los de los cereales se sitúan muy por debajo de los máximos alcanzados en 2022, lo que podría desalentar el uso de fertilizantes y lastrar los rendimientos de la próxima temporada.

Para los gobiernos, la recomendación de Glauber consiste principalmente en evitar que la crisis se agrave. «No hagáis cosas malas», afirmó. «No conviene imponer aranceles. No conviene imponer restricciones a la exportación».

(Editado por cs, bw/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.com/es)