Merz llega a Pekín presionado para endurecer la relación de Berlín, y de la UE, con China
China es el principal socio comercial de Alemania. Sin embargo, los diplomáticos confían en que Merz adopte un tono más firme, en línea con la estrategia del Gobierno respecto a China, cuyo objetivo es reducir la dependencia económica de la segunda economía más grande del mundo.
Berlín/Bruselas (Euractiv.com) – El canciller alemán, Friedrich Merz, llegó a Pekín este miércoles, donde tenía previsto reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, en su primera visita a China desde que asumió el cargo en 2025. Antes de partir, Merz (CDU/PPE) destacó la necesidad de establecer un comercio justo entre ambas partes, pero también afirmó que el gigante asiático «ha ascendido al rango de gran potencia, nuestra política hacia China debe tener esto en cuenta» señaló, al tiempo que añadió que «la voz de Pekín también se escucha en Moscú».
China es el principal socio comercial de Alemania. Sin embargo, los diplomáticos confían en que Merz adopte un tono más firme, en línea con la estrategia del Gobierno respecto a China, cuyo objetivo es reducir la dependencia económica de la segunda economía más grande del mundo.
«El canciller Merz no debe edulcorar nada en Pekín», declaró a Euractiv Boris Mijatovic, miembro de la comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag (Parlamento).
La industria automovilística alemana sigue dependiendo en gran medida del mercado chino, al tiempo que Pekín ha ampliado sus inversiones en sectores sensibles, entre ellas las infraestructuras de telecomunicaciones, incluidas las redes 5G, con la empresa estatal china Huawei.
El pasado mes de octubre, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, tuvo que cancelar una visita al país después de que ningún alto funcionario chino aceptara reunirse con él, aparentemente por sus comentarios críticos sobre Taiwán y el apoyo de Pekín a Rusia en la guerra de Ucrania.
La visita de Merz se produce justo un día después del cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania (en febrero de 2022). Los líderes occidentales llevan tiempo instando a China a que utilice su buena relación con el presidente ruso, Vladímir Putin, para poner fin a la guerra, pero sin éxito.
«Esa guerra en Europa no sería posible sin China», afirmó Luke de Pulford, director ejecutivo de la Alianza Interparlamentaria sobre China, un grupo internacional de parlamentarios de distintos partidos.
En su opinión, China apoya el esfuerzo bélico de Rusia de dos maneras: con componentes para sus operaciones militares y con apoyo económico.
Gran parte de los componentes utilizados en el complejo militar-industrial ruso proceden ahora de China, ya sea a través de planes para eludir las sanciones o mediante transferencias que violan directamente las restricciones occidentales.
La estrategia transatlántica de China
Por otro lado, Pekín trata de debilitar la alianza transatlántica, según De Pulford, aprovechando las divisiones entre los socios occidentales mientras sus recursos son absorbidos por la guerra en Ucrania.
«Los dirigentes chinos aún no han condenado la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania», comenta Mijatovic, al tiempo que explica que la cooperación económica y el apoyo político siguen contribuyendo a que Rusia pueda seguir con la guerra.
Según Mijatovic, Merz «tiene el deber, en nombre de muchos Estados europeos, de hacer hincapié en el carácter vinculante del derecho internacional».
A pesar de ello, es probable que los llamamientos en ese sentido a Xi Jinping sean estériles, según Pulford. «Si quisiera poner fin a la guerra en Ucrania, podría hacerlo muy rápidamente», asegura el experto, al tiempo que recuerda que recientes visitas de varios líderes occidentales han dado pocos resultados.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, se enfrentó recientemente a presiones por los aranceles a los vehículos eléctricos chinos, mientras que su homólogo británico, el premier Keir Starmer, tuvo que aprobar un programa para desarrollar un nuevo complejo de la embajada china en Londres.
«Lo peor que podría hacer Merz sería intercambiar concesiones por beneficios económicos a corto plazo», advierte De Pulford. «Siempre vienen con condiciones», agrega.
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(Editado por Victoria Becker y Martina Monti/Euractiv.com y Fernando Heller/versión en español)