Friedrich Merz, ¿Un antihéroe para salvar a Europa de Trump?
¿Puede el probable nuevo canciller de Alemania hacer frente a Trump y Rusia?
Últimamente, los jefes de Estado y de Gobierno europeos parecen estar esperando a un héroe misterioso que haga frente a unos Estados Unidos revoltosos y a una Rusia amenazadora.
Pero, en su lugar, han conseguido a Friedrich Merz.
El que probablemente será el próximo Canciller de Alemania ha dejado claro que quiere tomar las riendas de la escena europea tras las elecciones alemanas, en las que su partido, los democristianos de la CDU/CSU, tienen todas las papeletas para ganar.
Merz se quejó amargamente de que el canciller en funciones, Olaf Scholz (SPD/S&D), dejara en manos de Emmanuel Macron la convocatoria de una mini cumbre europea de emergencia este lunes, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejara prácticamente marginados a los líderes europeos de las negociaciones sobre el futuro de Ucrania.
«Ese no es el papel que contemplo para Alemania», dijo Merz.
Merz quiere que esas cumbres ad hoc se celebren en Berlín y que Alemania pase a ser de «una potencia media dormida a una potencia media líder».
Eso incluye liderar la respuesta al desafío generacional planteado por un presidente estadounidense que reparte aranceles y llega a acuerdos con países autoritarios, mientras Europa apenas reúne más que fotos de grupo de sus líderes de aspecto adusto en el Elíseo.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada el pasado fin de semana, Merz ejerció de canciller en ciernes y se reunió con el vicepresidente estadounidense, JD Vance, quien desairó tanto a Scholz como al ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi.
¿Podrá Merz triunfar allí donde el enfoque colectivo europeo está fracasando?
A primera vista, Merz aporta poco para que se le pueda calificar de héroe y protagonista. No destila ni la autosuficiencia de Barack Obama ni la grandeur impostada de Macron, y mucho menos la reputación de integridad y desinterés de la ex canciller Angela Merkel (CDU).
Merz rezuma aires de villano.
Su aspecto se ha comparado -para su enfado- con el del Sr. Burns de Los Simpson.
Quizá un Felonius Gru, el antihéroe de Mi Villano Favorito (Despicable Me), sea una comparación más adecuada.
No sólo comparten un físico de proporciones larguiruchas, afición por los aviones (Merz es un piloto entusiasta) y unos orígenes motivados por el resentimiento (Gru quiere superar a otro villano, que robó una pirámide).
Merz busca saldar una antigua cuenta pendiente con Angela Merkel, que le superó en una batalla interna en la CDU para liderar a los democristianos hace una generación.
Al igual que Gru, Merz basa su pretensión de liderazgo en el hecho de que, como canciller de la tercera economía más grande del mundo, sería un gigante en un mar de minúsculos esbirros europeos que, aislados, no cuentan mucho en la escena mundial.
Al igual que su homólogo de los dibujos animados, Merz quiere utilizar esa fuerza colectiva para enfrentarse a Estados Unidos.
Cree que Europa, con sus 450 millones de habitantes, puede llegar a ambicioso acuerdos y doblegar a Trump, a condición de que coordine sus posiciones internamente.
Su modelo a seguir es otro antihéroe: Jean-Claude Juncker.
El expresidente fumador empedernido de la Comisión Europea logró evitar los aranceles de Trump durante su primer mandato prometiendo más importaciones de soja y gas natural estadounidenses. Merz quiere un acuerdo similar.
Dicho esto, su estrategia puede parecer un tanto anticuada, confusa y poco elaborada.
Pero Merz utiliza una retórica villana y pendenciera que domina la geopolítica de la era Trump y que el Republicano aprecia mucho, tal como demuestra su historial de vínculos con líderes fuertes.
El mes pasado, después de que Merz pronunciara un discurso sobre cuál será su futura política exterior, el anfitrión del acto le preguntó inquisitivamente si había estado alguna vez en Groenlandia, amenazada actualmente por las ambiciones imperiales de Trump.
Merz respondió: «Yo mismo he volado hasta allí dos veces», una respuesta que evoca al Vladimir Putin paseando a caballo con el torso desnudo de otras épocas.
Por el momento, Europa está muy escasa de grandes líderes.
Tiene donde elegir entre tantos líderes débiles (Macron, por ejemplo), aspirantes a acólitos de Trump sin real influencia global (Giorgia Meloni), y quien, con sumo gusto, optará por tomar el camino más fácil (Keir Starmer).
Un Merz testarudo podría ser la mejor baza de Europa para hacer frente a la gélida realidad geopolítica que se avecina.
Si algo nos ha enseñado Mi Villano Favorito es que los malos de los dibujos animados pueden hacer el bien.
[Editado por DE/MK/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es]